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Te Dejo La Pelota

El texto que sigue, compuesto de el libro de cuentos "Un mudo en la garganta" y su introducción titulada "Atención reseñantes" fue escrito en su totalidad por mí. Los derechos de autor son mi propiedad, según registro en la Biblioteca Nacional de la república Oriental de Uruguay. Se prohíbe su reproducción parcial o total con fines comerciales, salvo mi autorización expresa.

The following text, including the book of stories "Un mudo en la garganta" and its introduction titled "Atención, reseñantes" was written totally by myself. The copyrights belong to me, according to its registration in the National Library of Uruguay (Biblioteca Nacional de la República Oriental del Uruguay). Reproduction for commercial purposes without my formal authorization is forbidden.

Julio Vera, CI 1.425.704-3, <lvera@varela.reu.edu.uy>


TE DEJO LA PELOTA

"¡Pará, pará!". El Coco suelta la guitarra y levanta los brazos mientras grita, tratando de superar al estruendo de la tarde. Si fuera de noche no sería posible, por los vecinos. Somos gente muy respetuosa, nos cagamos en los agitadores como Cacho Bochinche. "Timo, hacé el jueguito que hacías la otra vez.

"No. Quiero que lo hagás vos. Yo hago la base.

"¡Boludo, vos la hiciste carozo! ¡A mí no me sale!

"¡Bo, no rompan las bolas! ¡Vamó a tocar, que iba bien! Después vemos quién hace qué...". El Petiso quiere tocar. Los roles, como en cualquier discusión, se trastocan, se alternan. El Yójan es, teóricamente, el que busca orden. No obstante, ahora quiere meter para adelante, y se acabó. ¿Qué se acabó? El aprendizaje, el progreso. Sin orden no hay progreso, ya lo decía Tiradentes. Este es el momento crucial. Yo tengo la ilusión de tener claras las escalas, y la estoy aplicando en mi ejecución (nunca maté a nadie), y el Coco lo está percibiendo con sana envidia. Yo quiero enseñárselo, por mi bien, claro está. Y él, en función de una apreciación incorrecta de su bien, claro está, se resiste. Y el Petiso, claro está, también, quiere seguir tocando y se van todos a cagar, porque no le está llendo mal con esta inercia. Y Omar está calladito allá al fondo, atrás de los drums.

Omar y Yójan se fueron. Es un nuevo caso de la misma situación: Coco y yo mano a mano, en su casa, después de que se fueron los que había. Como tántas veces (aunque no todas) estuvimos tocando, unas cuantas horas.

No quiere saber de nada. Empujo yo, contrariando mis principios. Tengo pleno conocimiento de que lo único que tengo (para dar) es respeto, pero hago la vista gorda.

"Hacé esto, Coc", y me pongo a tocar bajadas continuas de acordes de 2 notas con espacio de una.

"¿Querés provolone?

"¿Está hecho?

"Es ponerlo y mover la llave...

"Bueno. Hacé esto, mirá", reitero.

"¿Cómo es?" Resopla tratando de que no lo oiga.

"Así", otra vez, un poco más lento, como decía Charlie en el concierto del Luna Park.

"Contámelo

"Do y mi, si y re, la y do, y así. Pero respetando la escala. Estamos en la escala de sol, por lo tanto va el fa sostenido y no va el fa.

"¿Qué es eso de las escalas, escala de sol? Son siempre las mismas notas.

"Según donde empieces.

"¡Y bueno! Son las mismas notas, empezando de otro lado. Salvo por el fa y el si...

"¡Acertó! Y eso te cambia todo, papi. ¿Cuántas notas son?

"¿Cuántas notas son, qué?

"¿Cuántas notas hay?

"8. No, 7.

"Esos son tonos. Yo digo notas. Cuantos sonidos hay.

"Claro. Están los sostenidos. Son 7, cada una con su sostenido 14, menos el fa y el si, 12.

"Sos un prodigio. ¿Por qué no pedís audiencia con Tu-Sam? De repente te contrata.

"¿De músico?

"De administrador. Miralo acá en el teclado, que es más fácil. Son 12 notas, y cada una tiene sus escalas de 7 notas (8, si querés, con la octava). Y, además, están las menores. Cada nota tiene 2 escalas menores.

"2 y una 3, por 12 36. ¡Mmmmsí, ya lo tengoooooo!". Junta las puntas de los 10 dedos, por pares, espejando las manos. Parpadea poniendo los ojos en blanco.

"Podríamos hacer un ejercicio combinatorio. C127, a las que hay que agregar ciertas restricciones. Sí, lógico. Decididamente eso da mucho más que 36. ¿Cuánto da eso, Coc?

"¡En otro momento, Timo, no seas rompehuevos!

"No sé bien cómo, pero la restricción la dan el fa y el si. Fijate. No son 12 notas, sino que son 7 notas blancas y 5 negras. Y por cada negra que entra sale una blanca. Como si fuera un arem en el que hay racistas encubiertas, con un grado de racismo creciente en progresión aritmética. El racismo de la siguiente es el de la anterior más 1. La primera tolera una negra en el equipo, la segunda 2, y así.

"¡Entendí, loco, entendí! Se me va a terminar de caer el pelo.

"Esa es una construcción usual e incorrecta. Deberías decir, o haber dicho "Va a terminar de caérseme el pelo", o, mejor, por más simple "Se me va a terminar el pelo".

"a mí se me va a terminar la paciencia y te voy a pegar una patada en el culo. Tengo calculadora, computadora, papel, y lápiz en el escritorio. Andá para allá, y seguí haciéndote la paja, que yo voy a ver si encuentro las escalas de mierda, ésas, que vos decís.

"¿Tenés goma?

"El lápiz tiene goma en la parte de atrás. No abuses, pibe, no abuses...

El Coco empezó sólo con la viola, y ahora le está dando con la viola y el teclado.

"¡Bajá el volumen, loco! ¡Estoy pensando!

O estoy muy desentrenado, o la metáfora esclarecedora grita a los 4 vientos que los grupos posibles de notas son sólo 5. ¡Chiquito! Eso sería si las negras fueran iguales. Si fuera indistinto que entrara una u otra. ¡Vos anduviste por el metro de París! ¿Es lo mismo una negra gorda, vieja, desdentada, con cicatrices tribales, baldeando el piso, que una turista canadiense con fritas, vestida absolutamente dernier cri, perfumada obviamente hasta la cachucha, y viajando en primera?. Sí, seguro. Tengo 5 negras diferentes. Cuánto más aburrida, o mejor cuánto menos divertida sería la música si no fuera así. ¡Y el coito ni te digo! ¿Cuántos arems (Ya sé que es aremes, pero suena como el orto. ¿O no? Claro, quizá a vos no te suena mal -- o no te suena bien "arems" -- porque no estudiaste inglés. No desesperes, estás a tiempo.) puede haber, distintos y con una negra? 5. ¿Con 2? Ya tengo 5, y me quedan 4 negras que colocar. Cada uno de esos 5 me dará 4, es decir que puede haber 5 por 4 20 arems de 2 negritas. Iterando, habrá 5 por 4 20 por 3 60 arems con 3 cocochas, 60 por 2 120 arems con 4 pardas (sé que estoy siendo generoso, pero, qué querés, me voy quedando sin calificativos), y la misma cantidad de grupos que tengan 5 melanésicas, porque me quedaba una solita, puchereando en un rincón. Eso me da 120+120+60+20+5 325. Lo cual es un poco más que las 36 que tengo, que ni siquiera son 36 sino 12 básicas.

Ahora sí que tenemos un problema, y mucho más que aritmético. Sin la menor intención, inocentemente, hemos descendido a las profundidades de la metafísica. En un abrir y cerrar de ojos, así, como jugando, nuestra existencia pende de un hilo, y una mano agresivamente sonriente acerca un yesquero (soy de la época de los culitos antiviento, para prender naco a caballo o pipas en biplano). El observador atento no habrá perdido de vista que el Coco está en la habitación contigua, buscando las escalas. A la exigua distancia de una puerta de bastidor (es decir hueca): una lejanía auditiva que tiende a 0. Estaba buscando las escalas. el Coco encontró las escalas (al menos la de sol, que es la que se requiere en esta particular confluencia de espacio y tiempo). Y yo: ¿qué tengo para ofrecer?

Salgo cabizbundo y meditabajo, guardándome el papelito en el bolsillo de la camisa, blanca, por si interesa. El Coco tiene una remera rosada con un afiche de Talking Heads, encima de su remera natural de pelo tórsico, que, impúdicamente, no se preocupa en disimular. Apago el órgano, lo desenchufo, y empiezo a enrollar los cables del transformador alrededor de sí mismo, el fino primero, el grueso después, como siempre aunque no sepa por qué.

"¡Qué hacés! ¡Tengo la escala, viejo! ¡La de sol! ¿Cómo era, entonces, que iban las notas?

"Van todas con todas", sin levantar la cabeza de la prolija madeja de cables. "Yo hacía combinaciones de 2. Empezando por una distancia de un tono (3 notas, casi siempre): do con mi. Después se varía. Do con fa sostenido, y sus 6 equivalentes. Do con sol, y las otras. Y así.

"¡Vamó a hacerlo, Timo! ¡Dale, haceme la base! ¡Después buscamos un ritmito mecánico, ¿sí?!

Guardé el transformador, el atril y la carpeta en el bolso, me puse el YAMAHA PSR-28 abajo del otro brazo (el izquierdo).

"Me voy, Coc. Nos vamos a ver." Abrí la puerta con el pie, y así la cerré, sin golpearla. Me apuré para que la llovizna no se metiera en mis cosas. Las combinaciones aritméticas del Coco sonaban bien, aunque lentas.


Un Mudo en la Garganta


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