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El texto que sigue, compuesto de el libro de cuentos "Un mudo en la garganta" y su introducción titulada "Atención reseñantes" fue escrito en su totalidad por mí. Los derechos de autor son mi propiedad, según registro en la Biblioteca Nacional de la república Oriental de Uruguay. Se prohíbe su reproducción parcial o total con fines comerciales, salvo mi autorización expresa.

The following text, including the book of stories "Un mudo en la garganta" and its introduction titled "Atención, reseñantes" was written totally by myself. The copyrights belong to me, according to its registration in the National Library of Uruguay (Biblioteca Nacional de la República Oriental del Uruguay). Reproduction for commercial purposes without my formal authorization is forbidden.

Julio Vera, CI 1.425.704-3, <lvera@varela.reu.edu.uy>


"Imagina que vives en un pueblo en el que hay un único club. Tú, como todos, eres socio. Allí sólo se juega a la canasta. Todos están encantados jugando. Los fascina, los divierte, les llena la vida el rummy-canasta. Menos a ti. Resultado: estás solo en un costado, resoplando y suspirando. ¿Qué haces?

"Emigro.

"Justo. Te cambias de pueblo. Pero resulta que en el pueblo al que vas pasa lo mismo: todos son convencidos jugadores de canasta. Y pruebas otra vez, y otra, y siempre igual. ¿Qué haces ahora?

"Trato de que alguien quiera jugar a otra cosa.

"Puede ser. Resulta que ni te oyen. Bueno, hay 2 o 3 que se entusiasman con lo que dices, que disfrutan oyéndote, pero ahi se quedan. A ellos les gusta el juego, por tanto tú no ofreces alternativa. Para seguirte tendrían que dejar algo que conocen y disfrutan, y no creen que recibirán un sustituto. No pasas de ser una curiosidad, un payaso, un especulador intelectual. ¿Y ahora?

"Me busco una alternativa para volver al ataque.

"A ver. Buscas una alternativa. Por ejemplo, traes el ajedrez y pretendes enseñárselo cuando descansan entre partida y partida del popularísimo y reverenciado rummy-canasta. Sí, quizá aparezca 1, incluso 2, que accedan a jugar contigo alguna partida cada tanto. Muy probablemente surja algún entusiasta cometa: estará más convencido que tu por un período cortísimo, y volverá al rummy, al que juega su papá, su mamá, sus hermanos, sus compañeros de colegio, sus amigos, las mujeres o los hombres que le interesan. También es probable que logres una falsa discípula: alguna enamorada de ti que no quiere jugar al ajedrez sino que te quiere a ti. Esa sí, probablemente, si tú la aceptas, claro, quiera enquistarse, enguetarse contigo. Para ella lo más importante serás tú. Tú serás su único interés, como para los demás el ajedrez (no pude resistir la tentación de la rima). En este caso, si a ti te pasa lo mismo (cosa que yo, personalmente, subjetivamente, como individuo, a título personal y como mera opinión, creo poco probable), puede ser que se hayan acabado tus problemas. Si no es así, la dejarás, con un mal sabor en la boca y sentimiento de culpa, y también cierto rencor, para que vuelva a su rummy natal. Como quien empuja al bosque a un animal salvaje al que crió, desprendiéndose de él con dolor pero con la plena conciencia de que ya es un estorbo. No funcionó. ¿Qué más puedes hacer?

"No sé.

"Recuerda que pasó mucho tiempo. Pensaste mucho en tu aislamiento. Sufriste mucho, y sigues sufriendo. Sufres, rememoras. ¿En qué piensas?

"En lo chata que es la gente, en las pocas perspectivas, el poco vuelo, la poca iniciativa. Me resisto a identificarme.

"Sí. Piensas eso durante mucho tiempo. Tienes ganas de darte la cabeza contra la pared, o de volarles a la mierda las piernas y las escaleras (en la canasta no hay escaleras, ya sé. Sepan perdonar.) y las canastas y los whiskies y la mesa y hasta cascarlos a ellos mismos. Eso ocupa tu mente mucho tiempo, te llena de rencor. Pero pasa, como las estaciones. Ahora estás sereno, tristemente sereno. Incluso pasó el período de la ironía arrogante, tu período azul, del desprecio risueño, de la sonrisa de lado. ¿Qué más?

"Bueno, también habré elaborado 1000 alternativas válidas, o una. Tendrán forma y color, tendrán vida propia. Me acompañarán, me alimentarán.

"También, claro. Más de una. Hermosas, luminosas. Perfectas como una esfera. Las contemplarás con tu mente en todos esos momentos en que te sientas bien mal, y sonreirás suspirando, triste y orgulloso, pensando "pobres". Pero con eso en las alforjas seguirás sufriendo. Llega el momento en que corroboras que, dado que sigues sufriendo, no basta.

¿Qué, entonces?

"¿Me pego un tiro?

"No da para tanto. En fin, al menos no todavía. Estás serenamente triste. Muy triste. ¿Qué es lo que más te hace falta?

"Mi familia, mis amigos, pareja.

"¿Qué haces?

"Vuelvo.

"¿Vuelves? ¿Con el rabo entre las patas? ¿A que te tiren piedras? ¿A jugar ese pasatiempo de señoras? ¿Tú, vuelves con la cabeza gacha al club, a oir el silencio que se hace a tu alrededor cuando pasas? ¿A ser el compañero del silencio, que va contigo apagando voces para luego liberarlas cuando ya pasaste, como si circularas por un corredor plagado de ojos eléctricos de puertas eléctricas? Trac...trac. Trac...trac... No te van a perdonar. No te van a dar respiro. ¿Eso es lo que vas a hacer? Bueno. Volviste. ¿Qué haces una vez allí? ¿Cómo ocupas tu tiempo?

"Juego.

"¿Juegas? ¿Tú, juegas a la canasta con las viejas y los barrigones?

"No, juego con mis amigos.

"Si juegas juegas con todos, como todos. Además, tus amigos probablemente serán los que más se reirán de ti. El héroe derrotado. El innovador. el revolucionario reconvertido. Serás chatarra. ¿Sí?

"No necesariamente. Mis amigos saben quién soy. Yo siempre jugué bien. Y ahora jugaría mejor, les ganaría a todos, mejoraría el juego.

"tal vez. Sí, la posibilidad existe. Aunque más no fuera un poquititito.

¿Eso harías? Mejor dicho: ¿eso intentarías?

"Sí.


Un Mudo en la Garganta


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