Skip to content.
EServer » fiction home » Short Fiction » Un Mudo en la Garganta » La Plaza (Hermano de Quien)

Fiction

Sections
Navigation
 

La Plaza (Hermano de Quien)

El texto que sigue, compuesto de el libro de cuentos "Un mudo en la garganta" y su introducción titulada "Atención reseñantes" fue escrito en su totalidad por mí. Los derechos de autor son mi propiedad, según registro en la Biblioteca Nacional de la república Oriental de Uruguay. Se prohíbe su reproducción parcial o total con fines comerciales, salvo mi autorización expresa.

The following text, including the book of stories "Un mudo en la garganta" and its introduction titled "Atención, reseñantes" was written totally by myself. The copyrights belong to me, according to its registration in the National Library of Uruguay (Biblioteca Nacional de la República Oriental del Uruguay). Reproduction for commercial purposes without my formal authorization is forbidden.

Julio Vera, CI 1.425.704-3, <lvera@varela.reu.edu.uy>


LA PLAZA (HERMANO DE QUIEN)

"0la casi ausencia de papel me ha dado la fuerza. No pretendo ser el primero. Quién no sabe que la falta de tabaco es un gran aliciente. Ha hecho a más de 1 salir del pozo. Humildemente opino que la sensación de la abstinencia tiene bastante de sublime. La negación sistemática y conciente del impulso provoca un avance en el camino de la nada. No me refiero, indudablemente, a la represión. Hablo de control. La represión es esencialmente incontrolada. [1] Es impuesta, por más que pueda no parecerlo. Y por tanto externa. Una expresión flagrante de descontrol. [2] Descontrol. Control externo, por oposición a control interno. [3]

Absteniéndonos de atender el justificado impulso de desgranar una profusa teoría fiscal, mantengamos nuestra habitual disciplina. Aunque no podamos evitar, a pesar del silíceo ascetismo, la trampa del lenguaje. Justamente, porque es externa, porque escapa a la órbita de las decisiones. Dejémonos llevar, asumiendo las cadenas de la palabra, y tratemos de explicar el significado psicológico (si bien no metafísico) del verbo imponer, cuyo gerundio es nuestro adjetivo. [4]

Tanto represión como abstinencia implican una decisión del operador del PC neuronal. Un acto de voluntad. Ese ejercicio del albedrío aparente presupone [5] una finalidad. Que responderá, a su vez, a otra, y así hasta profundidades seguramente insondables. O peor, a complicaciones menos sondables aún [6]: es realmente ingenuo suponer lineal al encadenamiento teleológico. Ya sea considerando la hipótesis imposible de que se recorra íntegro el espiral descendente de las motivaciones humanas, [7] o la menos inverosímil de que puedan saltearse etapas en base a prácticas no carentes de magia y/o intuición, [8] estamos obligados a creer que llegamos a la razón última. Ese objetivo de partida, esa causa incausada, nos dará el sexo de la cría. Si es externa será, entonces, impuesta. Si no lo es, se deduce que no lo será.

Aunque no lo crean, estoy encarando la titánica tarea de convencerlos de que no todo es semántica, de que esta demoníaca potencia centrípeta es vulnerable. Por eso voy a obviar el que parecía el obvio paso siguiente. Voy a dejar a un lado (al menos por ahora) la vivisección de la calidad de externo o interno. Pero antes intentaré, sí, un término que defina esa característica en tanto tal, independientemente de su signo. Sólo a efectos de desalentar detractores, y de alimentar una vez más, por qué no, el espíritu lúdico que tiñe todas las expresiones válidas de ésta y cualquier otra raza pensante.

Piensen, por una vez. Todo aquello que es interno o externo... Tal vez exista un término para definir la calidad de mantener una posición con respecto a los límites. Como la calidad de extranjero o ciudadano... Breves instantes de reflexión concienzuda, honesta, responsable, desapasionada, llevan a que no se me ocurre otra cosa que externidad, para el ejemplo extranjerismo. Interno sería la forma negativa de externo, ciudadano [9] la de extranjero. Me dirán que ambas son formas negativas, y por tanto su negativo es una doble negación, con el archisabido resultado de ser positivo. [10] El concepto surge originalmente por su lado débil, jóvenes, por tanto es lógico que sea éste el que lo denomine. Hasta que no aparece un extranjero no se tiene conciencia de ciudad.

La finalidad será impuesta o externa, o expuesta o interna. No podemos sino dilucidar este chapoteo cloacal en los confines del lenguaje, aplicando nuestras dotes de titanes. Demos una definición, y la rabia sucumbirá con el perro. Será externa cuando su resultado vaya en beneficio de otros, y expuesta cuando redunde en un incremento del bienestar real o aparente del sujeto sujeto a análisis, sujetado con un alfiler a la base del microscopio.

Basta con la sola sensación física para darnos por bien pagados. Un recorrido como eléctrico por el cuerpo que brinda una energía creativa inusitada. La mano, en vez de desplazarse al cenicero, corre suelta por el teclado, olvidando la dureza ancestral. Los dedos pierden parte del agarrotamiento, vencen al milico inculto y desalmado que se ocupa de dejarlos de este lado. La hipertensión, que provoca una ilusión de mayor control, cede. Y eso, solamente postergando las pitadas por décimas de segundo. [11] Imaginen, aunque sea por un instante, si nos diéramos al ayuno, o a la castidad. Dejen que se adueñe de sus mentes perezosas una cueva fría y lejana, un vestido áspero y sucio, la alegría de un mendrugo y un vaso de agua semanales. Y toneladas de respiración. Aire de verdad entrando en sus organismos. Sin obstáculos, sin pedir permiso. Las mujeres y los manjares allá lejos, a pesar de que los conozcamos y podamos, en cualquier momento, gozarlos otra vez. ¡Ah, amados escuchas! ¡Si en vez de sentarnos en el parque soleado, tomando una horchata fresca, nos internáramos en la cueva fría y oscura, a solas con nuestros monstruos! Tengan presente que las computadoras, hoy, requieren de muy poco. [12]

Esto, sin ánimo de ser pretencioso. Ni, menos aún, oscurantista. Ni que fuera escribano o jurista yo, che. Soy un creador. Busco develar el misterio. Tañir el laúd cual demiurgo alado, flotando con Morfeo, el asceta. Riéndome socarrón del desafío burdo, inconsistente, intrascendente al fin del cigarrillo, amo y señor de tántos destinos sólo por falta de algo mejor. Expresión antiestética del engaño a que nos sometemos intrínseca y mutuamente. Ese último faso que uno está siempre fumando, Ettore. Pestilente sinónimo de postergación.

Tampoco busco cantar miserias. No os engañéis los que os afanáis en arrastraros, los baratos amantes de la bidimensionalidad. No es que carezca de infinito, entendámonos. Es simplemente menos que el todo. De punto a recta ya sería suficiente. De recta a plano, ¡papito, qué salto! De allí al volumen, y estamos en el entorno. Tenemos contenidos y continentes, el reino del alcohol. El feudo de lo concreto. Tanto más amplio y sin embargo mundano, terrenal, falto de absoluto y por tanto de abstracción, o viceversa. El camino es y fue, incuestionablemente, inverso. El recorrido regresivo en pos del añorado 0 nos tienta con un fugaz paladeo de infinito (USAR EL SIMBOLO) [13].

Ese glimpse [14], esa guiñada de grandeza, es una condena, una zancadilla artera en la que necesariamente sucumbimos una y otra vez, destrozándonos la frente en el empedrado. Marcha atrás hasta el punto, adelante hasta la cuarta, llenándonos la boca con fórmulas que vimos al pasar en alguna revista de vulgarización, mal traducida, para colmo. Prensados entre 0 e infinito (SIMBOLO). Pendulando. ¿Prendidos de qué? Un cigarrillo, que nos permite cada tanto la ilusión de la abstinencia. Alarde de voluntad que termina siendo, o resulta ser, un mero corolario de la alergia.

Para los derrotistas, ecuménicos, hipócritas mensajeros del fracaso. Para los cruzados de la sonrisa y la flor, love & peace. Para los blanqueadores de sepulcros: estamos simplemente tratando de ser honestos. Parece que ahora molesta el dejo de amargura. La moda dicta que somos culpables incluso de nuestra calidad de melancólicos. Confunden. Incesantemente. Y provocan esa peligrosa pereza. Insisto: no pretendo acusar. Mi dedo apunta al entrecejo, no al pecho. Descarto (y lo digo de corazón) toda chance de intencionalidad. Y esto, que muchos pueden ver como un vehículo de acercamiento fraternal, no hace más que empeorar. Fíjense: si estuviéramos en el dominio de las intenciones, tendríamos cierto manejo. Estando, como ha quedado brillantemente demostrado, en tierras genéticas o, en el mejor de los casos, culturales, la posibilidad de acción se ve reducida a una sonrisa triste y desdeñosa.

¿A eso se referirán con lo de "mentalidad de escritor"? ¿Será eso la "cosmología del artista"? La búsqueda del absoluto, la nada, el infinito (SIMBOLO), a través de la geometría euclidiana. Una suerte de trascendencia cubista, aunque ignorando el color. Pueden decir lo que quieran: al menos busco. Si mis uñas se descascaran más que la pared, y en el tracto sucesivo terminan extinguiéndose, por la acumulación de la diferencia, me quedarán los dedos, los metacarpos, los muñones y así hasta consumir mi volumen. Actúo según la época, es irrefutable. La insidiosa acusación de anacronismo se desmorona por su propio peso, cual torre de pizza o manzana gravitatoria. Estamos ante la inmolación física del espiritualista. La desintegración hiperrealista, grotesca al límite, para apagar la sed metafísica. Cual bonzo... [15]

Quedan todavía ilusos que defienden a ultranza la dimensión creativa de la lógica. Es cantidad, cuántas veces he de gritarlo en sus aparatos de sordo. Nota bene, no obstante, que no afirmo, afirmé, ni afirmaré que los racionalistas no aportan al conocimiento. Más lejos aún me encuentro de sostener la irrelevancia de lo cuantitativo. [16] Sé (y en eso reside parte de mi grandeza) que para los pedestres [17] mortales es igualmente casi imposible concretar que abstraer. ¡Ay ay ay! Si pudieran elegir la herramienta con un mínimo de aproximación... Constantemente sacando muelas con destornilladores, esculpiendo en granito con navajas suizas.

Para una porción nada despreciable de los mentecatos que desperdician su precioso y limitado [18] tiempo en mover sus ojos o, tanto peor, sus nucas, recorriendo estos símbolos de símbolos de símbolos, [19] la vuelta incansable puede parecer el tema de este esfuerzo. Sería otra falta de respeto. Denle, [20] nomás. Estoy acostumbrado. Claro, con esto de la TV (disculpen, me resulta imperativo) no han podido hacerse un huequito para ponerse en comunicación con Heráclito. Y, obviamente, no puedo pretender que lo recuerden de la secundaria. Como es de rigor, malgastaron el dinero de sus padres, o, en su defecto, el de todos, que de ninguna manera es el de nadie. Agradezco al Hado Funesto, [21] por la paciencia. ¡Congéneres (lamentablemente)! Estoy intentando salir, y ustedes lo único que hacen es acompañarme con la vista, a una distancia demasiado prudencial. Que los necesite no reduce mi desdén. En grupo son una cosa distinta, y es del grupo que bebo. Pero no puedo sino dirigirme a los individuos. No me pregunten por qué. Yo no escribo los códigos (aunque estaría en condiciones. ¿Acaso no construía Brad Davis las máquinas?). Me enchufo a su energía tribal, como los del umbanda en la playa, los 2 de febrero. Sólo por la remotísima esperanza de que eso me empuje un poquito más allá.

Ahora ya lo saben. Es tiempo de que se vaya el que no esté conmigo. Que coja la puerta el que no quiera darme gratuitamente lo que le cuesta nada. Los perros del hortelano son mucho menos que inocuos. Son casi inicuos. Los conmino aquí a abandonar el salón. Y sin hacer mucho ruido, que identifico sus caras.

No, no. Quienes me conozcan de algunos lustros tendrán la certeza de que no estoy haciendo cola para lavarme en el mismo río. Aquellos que han sabido conservar el rabo del ojo en mi desplazamiento centelleante y tridimensional sabrán que antepongo nada al afán obsesivo de originalidad. Si miran un poquito para atrás (bien disimulado es tolerable) verán que la cantidad, en su iteración cerrada, bloqueada, se dispara, aunque lentamente, a ese límite ilimitado que nos aprieta la materia gris, juguetón, como a un pezón, o un clítoris hipertrofiado. La lógica, señores, lo repito, permite el glimpse. [22] Es por eso que es tramposa. La vida sería mucho más fácil, tal vez, si no nos hubieran enseñado la inducción completa. Si no viéramos, despiertos y dormidos, esas filas de soldaditos, o fichas de dominó, o barajas, cayendo (o levantándose) bordeando la sinuosa muralla china. [23] O, más sutil, ciclos insolubles de jaques bailando en un espiral ascendente hasta perderse entre las nubes, en una tarde clara y ventosa de otoño. ¿Por qué sería más fácil, tal vez? Porque no nos llevan. Nos permiten mirar y ver, azorados, cómo el monótono movimiento se pierde en el cielo, seguros de poder creer que habrá nada que lo detenga. Pero antes se han asegurado bien de que estamos bien asegurados a la poltrona. Lamentablemente no podrán aquí más que digerirse otra vez la imagen del niño y el chupetín. ¿Quién puede añorar pegotearse la cara con anilina barata si nunca ha visto un caramelo? Ya lo dijo Hannibal: You covet what you see every day. El hombre feliz no tenía camisa. Yo qué sé, hasta este citar citas podría iterarse en cadena, y estaríamos atrapados otra vez. Ese proceso, ven, sería la búsqueda del 0, que no es específicamente lo que nos ocupa pero está espantosamente lejos. Estamos atrapados, y dentro de la trampa hay más trampas, y así el espacio deja de alcanzar y empezamos a fagocitarnos hasta que no existimos y saltamos a la verdad, acabalgados en un rayo de luz que no es tal pero por razones de método y estilo puede definirse (o describirse) como tal. Curioso, en este enfoque (dicotómico, de aproximaciones sucesivas, casi aritmético) el 0 parece un pasaje alternativo. Todos (hasta ustedes) saben que los extremos se tocan. Si estamos pendulando entre 0 e infinito (YA NI ME PREOCUPO POR EL SIMBOLO), nos desplazamos en un espacio inexistente. Falacia, por definición. [24]

Sí, barrunto unas cuantas razones posibles para este retorno circular. Bueno, he llegado al punto en que me veo forzado a correr el riesgo de espantarlos, lo que, de suceder, sería para mí espantoso. Por eso, y sólo por eso, tengo la deferencia de darles este pequeño anticipo. Habrá, yo sé que sí, cómo no, algún infiltrado que se permita pensar que estoy tratando de crear clima. Sí, sí, lo percibo. Hay quienes (porque son más de 1) cuyos procesos sinápticos permiten aún el atavismo vergonzoso de calcular que en este elucubrador honesto puede caber un ardid tan fácil. ¡Muchachos! ¡He dejado el cuento policial! insisto: doy la tímida pista exclusivamente para prepararlos para el horror. Debemos esperar todavía muchas bombas atómicas antes de tener el nivel requerido de mutación. Aunque no lo crean, tengo plena conciencia de que lo mío es un caso aislado. Claro, es indudable que no único. Pero, volviendo a las estadísticas, [25] es infinitesimal la probabilidad de que entre el auditorio aparezca algún ser indigno del desprecio que, aunque indeseado, inmane a esta suerte de perenne precalentamiento previo.

Tomaré ese silencio respetuoso como expresión de que quieren las razones, a como dé lugar. Interpreto su espera como el deseo de pagar los costos. Adéntranse, veo, en la mar, contra viento y oleaje. [26]

Por qué, si empujamos la realidad con un machete, si penetramos la maraña en pos de la esencia que se hace oir en dulces gemidos nocturnos (que por bajos en decibeles no dejan de ser contundentes), desembocamos siempre en la civilización. Cuando mucho vamos a dar a un campamento vecino, donde con suerte se hablará otro idioma. En fin, seamos generosos. Caemos en una toldería dispuesta de forma un tanto bizarra, habitada por congéneres cuyos sonidos guturales no entendemos en primera instancia. Y basta recorrer unos pocos metros en procura del chamán para que aparezca el monje con los ojos tan claros como los nuestros. El hombre, impunemente, pisotea el asombro, destroza a hachazos la sana incredulidad. Nos presenta, esperando groseramente nuestro agradecimiento, un compendio profusamente ilustrado, en papel continuo, que sistematiza ese (según él) vasto conocimiento. Y ahi encontramos lenguaje, astronomía, danzas rituales (que, si sonríe la fortuna, incluyen antroposacrificios), métodos mnemotécnicos, estructuras matemáticas que se adentran, audaces, hasta el 0. El hombre gesticula, el entusiasmo le exhorbita los ojos. Y termina su injuriosa alocución: "Haga 2 cuadras al frente, una a la derecha, y verá el humo de su aldea. No puede perderse, hermano". ¿De quién?

Cambiamos de machete, compramos un juego de brújulas, nos ponemos un traje de amianto, y el resultado se mantiene. Otra vez al diagnóstico. El asunto es: ¿por qué? Casi todos habrán oído la argumentación del borracho: estamos buscando fuera del estanque, simplemente porque hay más luz. Eso, perdónenme, es una perogruyada. ¿Por qué buscamos la llave en el zaguán del vecino si la perdimos en el nuestro? ¿Por qué priorizamos la luz?

Perogrúyico el símil, indudablemente. Pero útil. ¿Qué significa luz? ¿Qué identifica nuestra cultura judeocristiana con luz? Certeza, sí, señora. Acertó. Pase al final de esta brillante exposición por la administración y se le hará entrega de un vale para una cena para 2 en Walter's Parrilla, el restorán de un amigo, en Malasaña, que no está del todo mal. Efectivamente, mi estimada y sagaz vecina. Mientras no renunciemos a la necia necesidad de certeza no saldremos del anillo cultural.

¿Alguno de ustedes ha estado preso? Y, dentro de esas privilegiadas, que levantan avergonzadas sus dedos de modo que sólo yo las veo: ¿habrá, tal vez, alguna, más privilegiada aún, que haya disfrutado de una celda de castigo? Sí, es verdad. Disculpen. Vayamos más lento...

Creo bastante probable que una porción no minoritaria de este selecto auditorio de plaza en domingo dispondrá de medios, incluyendo tiempo y ganas, para ir al cine. Y más aún. Voy a permitirme una pequeña blasfemia. Sé, positivamente, que muchas (muchos, incluyendo al joven de la silla metálica que disimula) tendrán un ... dispondrán de ... (huy, cómo me cuesta) uno de esos aparatos eléctricos y/o electrónicos que permiten la reproducción doméstica de las unidades de expresión del séptimo arte. Uno de esos electrodomésticos que deben inexorablemente conectarse a la ... (Ya caí. Empecemos de nuevo. Por no freirme me zambullí en el fuego)... Ahi voy. Creo, con cierto fundamento, que el grueso de ustedes tendrá lo que llaman... un video. Un vídeo, como se dice en estas latitudes. ¡Por favor, por favor, no se vayan! Créanme: incluso la caja innombrable a la que los enchufan puede ser útil si se emplea con criterio. Hablo por experiencia. No es necesario que confiesen. Tomémoslo como una simple hipótesis de trabajo, ¿sí?. Si se dispusiera de un video (?así está bien?) podrían verse ciertas películas válidas, algunas de particular interés. Malcom X, por ejemplo, o Expreso de medianoche, o hasta Papillon. En esas piezas vemos un reflejo [27] de la experiencia sublime de la oscuridad. Hablábamos de luz, ¿recuerdan? La luz como primer impedimento del conocimiento. Esos mancebos, elegidos de Dios, caen en las cálidas manos de la noche densa e irreductible. Gritan, patalean, cabecean el metal ardiente, y necesariamente no obtienen respuesta. Es decir: no cambian su situación. Me refiero a que no la alteran de manera sostenida. Durante un tiempo generan la ilusión de la luz. [28] Combaten la oscuridad. Producen una bombita de 40, una efímera vela que dura lo que un lirio. [29] No pueden evitarlo. Cuando el pabilo se extingue están, distinguidísimos cofrades, consigo. Son ellos, ellos, y ellos. No hay estímulos. Sí, la ropa contra el cuerpo, la llaga en el coccis, el calor, las peleas lejanas de los colegas reclusos, los chillidos de los pavos guardianes. Pero créanme: en la oscuridad rigurosa desaparecen. Como lo oyen. Estos selectísimos congéneres tienen garantido un universo sin acicates. [30] Después de ser cagado a golpes, el negro de mierda es inducido a ingresar en un recinto de lata de 2 x 2, pintado a tono y ubicado en el centro geométrico de un patio enorme. El sol del verano le da de lleno no menos de 8 horas diarias. Mucho calor, puedo asegurarlo. Y, antes o después, el hombre termina recostado contra una de las paredes, respirando apenas, mordiendo el negro del aire con sus párpados. ¿Qué es lo que toca? ¿Qué lo rodea? El. El divino recluso, en la noche artificial, sempiterna, [31] está consigo.

Para él es fácil. Por eso es un tocado del Olimpo. Le han ahorrado el primer enemigo, ése que nos mata a todos, ya que los que no sucumben somos un porcentaje despreciable. No dudo que ustedes, cultísimo auditorio, han leído al antropólogo peruano. Sí, sí, me dirán que el muchacho ha caído en desgracia, que últimamente las críticas autorizadas lo tildan de veleta comercialista. ¡Que hablen, amigas, que hablen! ¡Qué saben ellos! Esos babafría, cagatintas de almidón, no han escalado un cerro en sus existencias de cámara, y se permiten pronunciar nombres altos sin antes haber hecho buches de Agua Jane, o Lavandina, o lejía. ¿Ha cometido errores? Claro que sí. ¿Tiene influencias identificables? Indudablemente. Lo que no logro entender es cómo de eso saltan a la descalificación. Es un hombre grande. Desempolvó. Don Juan nos contó, meridiana y graciosamente, que el primer enemigo es el miedo. Y como es bastante improbable que el cuidadano occidental común sea confrontado con una celda de castigo, debemos seguir teniéndolo en cuenta. Incluso si eligiéramos salteárnoslo, deberíamos pasar por él. ¡Y sí!, para ponernos en condición de gozar de los servicios del purgatorio, tendríamos que cometer algún delito habitual. Y para eso deberíamos disponer de un coraje fuera de lo normal. [32]

Quizá algunos de ustedes recuerden a ese ciudadano del tiempo, a ese contemporáneo de todas las épocas, el siempre joven, tuberculoso y jorobado Soren. Leyendo su literatura (rara vez salgo de la prosa argumental) he perdido el miedo a los razonamientos encadenados. ¡Qué manejo de la estructura de árbol, vecinas! Y sin perder gracia. Si él puede, pensé (en aquel lejano momento), puedo yo. ¿O es que, acaso, el sujeto tiene 3 huevos? Puestos a pensar, quizá tuviera 1, o el equivalente: era notoriamente antiestético, y quién puede hoy negar que eso tiene un peso decisivo. E pur si muove. Y sin embargo la quiero. Las oigo cuchichear. Sí, está claro que eso puede haber ido en su favor, que quizá fue su pasaporte a la soledad, su ventana al infinito (POR QUE CARAJO ESTA MAQUINA NO TENDRA EL SIMBOLO). Pero, por más que me fuercen, voy a mantenerme en la línea disciplinada que me caracteriza. No es ése el punto. No estamos aquí para analizar las razones del éxito del danés. Lo traje simplemente como escudo, anticipando sus críticas destructivas. Con él de mi lado, sé que no se atreverán a cuestionar el empleo del método científico, de la tecnología positivista, en la literatura. Estoy dispuesto a encadenar razonamientos y eso no me descalificará, señores míos, como escritor de ficción.

Debo pedirles, aunque no quiero, que valoren mi entrega. Aprovechen mi esfuerzo desinteresado, porque mis reservas no son inagotables. Ojalá tuviera la grandeza de abstenerme de estas veladas súplicas de aceptación. No puedo, realmente. Por más que sea absolutamente sincero cuando les digo que he usado al cigarrillo de sparring un tiempo ya incontabilizable. Con la frente perlada de gotas frías, por la morfina, llegué al miedo. Y él, como tocado por una descarga de electrones, se desintegra en una gama amplísima, imposible de seguir. Caigo (y por eso recurrí al jorobado de Kopenhagen) en la lógica, como único instrumento disponible. Y el único es, por demolición, el mejor.

En mis ratos de ocio he podido imaginar que el miedo es una experiencia obligada de los mortales con uso, aunque fuera parcial, de sus facultades mentales. En esta disquisición dominical, en esta arenga casi religiosa, busco un enfoque general, aún a sabiendas de que es imposible. Pero, distinguidas admiradoras, la zanahoria en el palo es un método sabio, empleado ya por los caldeos, incluso antes de la gestación del Gil Ghamesh. [33] No la vamos a alcanzar, pero vamos a llegar a destino. O, más importante, vamos a trasladar al (o los, o las) que montan nuestro lomo de pollino. Una vida al servicio de la sabiduría futura. Una conciencia tal de grupo que nos encierra en el mayor de los individualismos. La verdad no es personal, pero sí el aprendizaje.

Más allá de sentimentalismos, de bucólica espiritual, vuelvo a que apunto al miedo como sensación indefinida, como entidad aparte del objeto que la provoca, o la hace sensible. Como eso es una anguila asquerosamente resbaladiza, además de transparente e incorpórea, busquemos generalidades particulares. Hagamos un esfuerzo por aislar, o agrupar, a los perros, los padres, los matones, los profesores, las mujeres, los policías, las pelelas, [34] los partidos de fútbol, las drogas, la prostitución, el homosexualismo y la muerte. Busquemos, juntos, subgrupos. En un libelo finísimo, titulado "Un mudo en la garganta", que descarto habrán leído en la secundaria, tuve la suerte de embocar con una clasificación no del todo infeliz. Cual asno clarinetista me vi, de improviso, ante una nota sutil, y me dije, embelezado: ¡IIIHHH OOOHHH!, que traducido al griego antiguo se lee ¡EUREKA!. Sujeto como estoy a un respeto reverencial a la relatividad, me abstengo enfáticamente de considerar como verdad a esa ingeniosa subdivisión. Además, ya lo dijo el poeta:

La verdad es este paso, el siguiente el siguiente del siguiente Es aquello que queda al sacar el disfraz Es inasible como la ola que besa la playa inabarcable hasta tanto no se lo acepte Es el camino no el final como el amor y la paz

La verdad no es más que una de las tántas trampas del lenguaje. Otra zanahoria. No hay, señores, nada verdadero dentro de lo posible. Y, por tanto, la verdad no existe en éstos los pagos de Renato. No es ni el camino ni el destino, parafraseando a las musas. Ni siquiera es el vehículo. Para ponerlo de alguna manera, digamos que es el combustible. Nosotros, mortales de a pie, cabalgando la corteza, podemos tan solo aspirar a lo útil, al valor de lo aplicable. Y por eso mi clasificación bisectante primaria es genial: miedo físico y miedo institucional. 2 caras de lo mismo, por otra parte."



[0]No las leas

[1] Aunque no descontrolada

[2] Ahora sí es aplicable porque define una situación personal general

[3] Así se denomina, también, una actividad medularmente aburrida, esencial en las organizaciones humanas. Aprovecho la ocasión para pedir al lector desavisado, y también a aquél o aquélla de otro u otros tipos, que, salvo expresión en contrario, dé a las palabras su valor etimológico, y no alguno de los múltiples adquiridos en el devenir del lenguaje, a veces triste, a veces sabio, siempre ocioso, como todo. Ya lo han dicho: no des, por el pito, más de lo que el pito vale.

[4] imponido

[5] O simplemente supone; que no hay, señores míos, suposición que no sea anterior

[6] Lo que indica que las profundidades no eran in sino poco sondables

[7] Digan lo que digan, ya es suficientemente imposible determinar con exactitud las cadenas tróficas, y estamos hablando de animales y plantas. Cuánto más intrincado será si nos movemos en el plano inmaterial de los intercambios eléctricos que tienen lugar en la cavidad craneana de los exponentes de la raza que reina en la Creación. Mirad, mirad los lirios del campo.

[8] Los límites son imprecisos. No se dejen engañar.

[9] o intranjero

[10] El castellano antiguo que practicamos tiene la particularidad de desatender ciertas exigencias de la lógica, lo que no es necesariamente criticable. Las dobles negaciones son habituales, y no resultan en una cancelación neta de su atributo. Lewis Carroll se haría una fiesta.

[11] No es segundos, no. Lo juramos, sí.

[12] y por tanto podrían llevarse, y usarse

[13] Si no fuera tan excesivamente conciente de su patética ignorancia, de su atroz distancia de lo sutil y lo variado, habría usado glimpse cuando logré contacto con el fondo del lenguaje. ("Fugaz paladeo" es un sucedáneo dual y por tanto torpe, como lo es "claro de luna" [o, peor, "luz de luna"] de luar). Y quien crea, maliciosamente, que una dosis generosa de megalomanía me lleva a la miope conclusión de conocer todos los recovecos del castellano, cuando en realidad sólo he tropezado con un callejoncito sin salida nimio y personal, se equivoca de manera estrepitosa. Toqué fondo, sí, y lo sostendré hasta la inmolación. Pero en mi cuenco de lengua, en la alforja que dobla mi espalda. Claro está. Soy absolutamente conciente de ello, válgame Dios. Es imposible que no sea así. Yo bebo de mi escudilla, tú chapoteas en tu lodazal, revuelve su taza turca. ¿Quién es el cretino que osa blandir arquetipos? Tautología, petición de principios, la diferencia es demasiado sutil para esos ojos alérgicos. En todo caso (y es lo que cuenta), un error. Sencillamente, mi castellano no fue más allá. La sima del vocabulario de que dispuse en ese instante (y no más: pido un respeto reverencial al término, una valoración semántica estricta y restrictiva como la mente de un cabo de segunda cabeceando de madrugada en una seccional rural] está más cerca del nivel del mar que el equivalente de glimpse. Es de dominio público que mis conocimientos de la lengua insular son jocosamente inferiores a mi manejo de la que fermentaran los árabes. Si enfrentáramos ambos universos lingu~ísticos individuales en un ring, la silbatina alcanzaría proporciones metafísicas, y la relación de apuestas tendería a 0 o infinito (USAR EL SIMBOLO), lo que es lo mismo pero es igual. Y sin embargo, Albión corre en mi ayuda. Ejemplos sobran. ¿Quién caza al zorro (lo que es el verdadero beso al santo)? Ni los esbeltos galgos, ni los imponentes dogos. Batata se permite hacerse esperar, se excusa displiscentemente en que tuvo que acarrear pantuflas y encender televisores, pasa orondo, lento y feo entre la jauría bulliciosa, y se interna en la cueva a gozar el privilegio del mano a mano. O: ¿quién no le ha prestado dinero a un amigo potentado, con la casi certeza de que hará un usufructo ad mortem de esos pocos dracmas que nos habrían permitido algún solaz modesto y en absoluto despreciable?

La vida es cruel, Estefaní, para quien no sabe pisotearla. Los logros son patrimonio exclusivo de la fragilidad. Yo corro en pos del éter y viene a salvarme un inglés petiso y maloliente. ¿Salvar? Casi (adoro el casi] un despojo. Yo sudo, él bebe. El concepto está ahi nomás, veo sus ojitos aterrados en la oscuridad de la cueva. Pero el castellano no llega, indefecablemente.

[14] ver (12)

[15] Y toda esta digresión inconducente por esa urgencia de imágenes completas y móviles, tan la page. Resulta literalmente imposible abstenerse de estas alucinaciones permitidas, a pesar de la práctica obtenida en la batalla con el tabaco. ¿Qué sabe usted, mi respetabilísimo excolega? Le solicito encarecidamente que me ahorre su juicio. Ni qué decir de su aprobación...

[16] Véanse trabajos anteriores

[17] Ciudadanos de a pie. Pederastas es otra cosa.

[18] Estas sutiles redundancias no son para ti

[19] A veces siento un escozor abdominal que parece indicar que logro un leve acercamiento a lo que tal vez quiso expresar Madame Stein

[20] Delen, haganlón, permítansenlón

[21] Un gordo con la panza al aire y peluda, trotando en puntas de pie mientras gira una varita. Lo cubre algo como un chiripá, y sus rasgos se acercan a los del Presidente del BIT, el más importante de los vidiotas, aunque no lo sea.

[22] ver (13)

[23] Construida sobre la muerte de sendos súbditos del Emperador, que buscó trascender a través de la abyección, y sin la menor posibilidad de haber leído a Sartre o Arlt, o viceversa

[24] Felatio, por asociación, para delinquir.

[25] Un instrumento utilísimo a pesar del desprestigio en que han caído entre las huestes pseudo cultas, pseudo artísticas e, incomprensiblemente, aún de izquierda.

[26] para no ser indirectamente redundante

[27] si no fiel (otro imposible] sí aplicable en la elaboración de hipótesis

[28] Noten (y arriesgo una vez más la reiteración] la obstinación cultural, la fuerza arrolladora de la programación neurolingu~ística [en sentido literal. La expresión ha sido empleada, con posterioridad a su inclusión en mi discurso, y, muy probablemente, en base a un honroso plagio, para designar una muy ingeniosa forma de enfocar el comportamiento del género).

[29] lirio -- cirio. ¿Captás?

[30] Hubo un músico, de cuyo nombre no quiero acordarme, que buscó esta ausencia de estímulos de manera sistemática, aunque reduciendo su acción a la esfera de los sonidos. Con gran humildad, mayor decencia, y todavía mayor intrascendencia llegó a la conclusión de que el silencio total es una entelequia, y por tanto no puede oirse. Salió a pintar por las paredes que Simon & Garfunkel mintieron, a pesar de haber tapizado de humanidad el Central Park. En su recinto aislado hasta lo indecible oía, aún, su corazón. Como Caín, no podía esconderse del ojo de Dios. Con gran dolor, por el hondo respeto que merece su iniciativa, debo, en aras de la Ciencia, sentar aquí que el individuo es, si vive, un insensato. Otro más buscando la llave en el zaguán del vecino. ¿Eh, vecina?

[31] ¡No me digas que no leiste a Rodó!

[32] Atención a que no sostengo que no sea un camino válido. Es perfectamente posible que seamos capaces de lidiar con la criminalidad y no con nuestro oscuro interior. Es bien probable que nos resulte más fácil hacer que pensar. O, más estrictamente, que podamos hacer, y no pensar. Piensen en Manson, o Gonalves, o aquel ejecutivo de la McDonnell-Douglas que se alojaba en el Miguel Angel

[33] Sé que no sos tan poquito como para detenerte en deletreos.

[34] escupideras


Un Mudo en la Garganta


Personal tools