UN MUDO EN LA GARGANTA
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Julio Vera, CI 1.425.704-3, <lvera@varela.reu.edu.uy>
UN MUDO EN LA GARGANTA
"La vuelta no es fácil, che. El loco pesa como 20 quilos más que yo, mide como 10 centímetros más que yo, y es un mito viviente del matonismo de los 70. Me dolió la mano cuando me lo presentó. Y cada vez que lo nombro me hacen un cuento peor. El Toti..."Cada amigo tenés vos...
"Es amigo mío. Vos no querés a nadie, sos como el Memo... El Toti, mi amigo, me cantó que una vez estaba este fulano jugando al pool en O'Flannel con un amigo, y ese amigo era amigo del colorado Paz, que había ido con el Toti, que es amigo mío, a tu pesar. El colorado se puso a joderlo. Si jugaba bien, si jugaba mal. Si embocaba, si no embocaba. Al loco éste no le hizo gracia. Lo agarró del cogote. "¡Getón!", pegándole la cara. " Te voy a meter el taco por el culo". Ahi, el colorado dejó de llenarle las pelotas.
"Llegaron a un acuerdo.
"Efectivamente. El loco no le pegó, y el colorado cortó la pavada. Esa una. Después están las de Bonniés. Nunca quería pagar, y se pegaban unos cagazos machos los mozos para irle a cobrar. Había que llevarlo con mucho cariño. "Vamos, Paco, vamóa pagar, que es tarde" "Yo no pago un carajo" "Dale, Paco, yo qué tengo que ver. Estoy laburando..." A las cansadas sacaba un fajo de guita apelotillada y el Rigoberto pescaba los billetes entre dólares y diferidos y embargos y cartas de amor. Incluso a mí me quiso pegar una vez. ¿Te acordás del cuento? Te lo debo haber hecho 1000 veces. Una joyita del arte de manejar al prójimo. ¿Te acordás?
"No, no me acuerdo. Dale, tenés permiso.
"Todo lo que hay para aprender en mis palabras, y vos las oís como si pasara un carro. Sos un inmoral, realmente no tenés derecho... Era pleno verano. Y tarde, quedaba muy poca gente, estaban levantando las sillas. No sé si fue en el baño o en la barra que me encontré con José Marín, que había venido de Brasil por unos días. Sabés que siempre me gustaron los rastafarios, y que, sin falsas modestias, me quieren.
"Todo un orgullo. Seguí.
"Jose me invitó a su mesa afuera, la última mesa que quedaba puesta. Y ahi, recostado contra las ventanas, estaba este loco. Hablábamos, él me tomaba el pelo, yo le tomaba el pelo, y Jose se reía nervioso con su novia ahi sentadita, catalizando. Cada tanto Jose le agarraba el antebrazo al coso, un antebrazo nada despreciable, te diré. Yo no captaba, sabés que no soy muy sutil y además tenía ya bastante whisky adentro. Recién me vi venir algo cuando le dijo "Tranquilo, Paco, es amigo" "Es amigo pero es cagón", contestó, y me puso la zarpa en el hombro, sonriente. Fue ahi que me cagué, y feo. Pero no se me notó. Le sonreí, le palmeé la mano, y le dije a Jose "¡Pero este señor quiere pelear!" Y luego a él "?Así que sos de los que vienen a pelear? De los que venían, quiero decir. Pensé que no quedaban más. Yo no vengo a pelear. Acá vengo a tomar copas y a conversar con la gente. Cuando quiero pelear voy a Juan Pedro López. ¿Conocés el Red Tiger Pub?" "Muy original, pendejo", y me dio una seguidilla de dedazos en la frente apuntándome, con ese índice que parece un índice y un mayor juntos. Se levantó y se fue, y me pagó el último whisky. Yo me quedé haciendo ensoñaciones a lo Arlt cuando, al poco rato, Jose y el perfume de la catálisis se fueron. Me imaginaba despanzurrando coreanos codo con codo con el energúmeno, mientras una puta poeta que había estado recitándome sus rimas de terminaciones verbales me cuidaba el vaso, pestañeando embelezada al ritmo de mis trompadas.
"Poetisa
"No. Era de mi altura. Ante el espectáculo de los grandulones con trajecito de marinero despatarrados entre sillas y mesas caídas, con el estruendo de vidrio y madera resonándome en los oídos, el coreano jefe se ponía a hablar conmigo en inglés, después de exigirle a cada uno de sus esbirros que depusiera la piña americana. Nos invitaba a los 2 con saque de su petaca. Y salíamos, el pitecóntropo y yo, abrazados y borrachos, con una casquivana a cada lado, sosteniéndonos.
"Qué personaje, bo. Y después están las del Yaughting.
"Sí, ésas las sabés vos mejor que yo, cajetillón. Yo no frecuento.
"Algo oí, sí.
"Hacete el gil. Dicen que a la exmujer la sacaba de los pelos por entre las mesas del restorán. Y que en los últimos tiempos la dejaba atada a la cama horas y salía a emborracharse con la patota decadente aquélla, famosa.
"Sí, el Currica, el Aldea, el Cook, el Tano Aristi. Temidos y admirados por la majuguita pretenciosa. Hacíamos silencio cuando entraban. Eran otras épocas, ¿eh? Ahora los borregos nos escupen. ¡Qué prontuario! ¿Y qué vas a hacer, entonces? Te veo con ganas de arrugar...
"No, no seas así. No puede ser que ya me hayas puesto el rótulo de cagón. Creeme que cuando lo tenga que encarar lo encararé. Te juro (y me beso los dedos, como el Toti) que me entusiasma la idea. El coraje es la superación del miedo. Sin miedo no hay coraje. ¿Viste? Algo aprendí de La Ilíada (?o era La Odisea?). Me acuerdo clarito del Mondino explicando el coraje de Héctor al enfrentarse a Aquiles El Que En Buena Hora Ciñó Espada, pero no calzo de qué manera vinculaba eso, por oposición, con quitarle un chupetín a un niño en la Plaza Emancipación. En fin, no es importante. Lo que sí es importante es que voy a pasar a ser figura de primera línea si me trenzo con Eléner. Modestia aparte, ya tengo un nombre, ya me dan papeles segundos pero importantes, pobres pero honrados, ya murmuran cuando entro a los boliches o a las oficinas, ya me encaran las minas y no les doy pelota. No, no, sin duda tengo lo mío, tengo un lugar ganado por derecho propio en el anecdotario popular que no descansa. Pero con esto...imaginate, van a decir "No te metas con éste que se peleó con el Goyechea". Y más si lo gasto, si le saco la mierda como dicen en Perú. Al final, no es imposible. Bukowski le rompió la cara al lomudo pegador námber guan de la universidad. Lo reventó, lo dejó llorando. ¿Por que no puedo yo darle unos sopapos a este señor que se pelea con 10, rompe botellas contra cabezas, destroza bares, ata a sus mujeres a la cama?
"Gil, por la sencilla razón de que Chinaski era también un violento que se hacía pegar en baruchos de mala muerte, se daba por igual con marineros polacos y nenitos bien comidos. Conformate con que te rompa la cara, que se te arregla pronto. Con eso basta para pasar a ser malo vos también. Eso sí, cuidate los dientes que no tienen repuesto. ¡Atar a la mujer a la cama! El nene presenta un cuadro de cierto sadismo.
"¡Y tal vez, por qué no! De repente tiene el equipo completo, con portaligas, y palmeta para hacerse pegar en el culo, y cofia. Los extremos se juntan en la actual concepción circular, borgiana del cosmos.
"Post-borgiana, como le gustaría a él.
"No recuerdo a quién citaba el Boggio para explicar que la historia puede representarse con un espiral. Sí me acuerdo del dibujo en mi cuaderno de colores, grandote y con divisiones para tener todo junto, todo en un mismo lugar como en el Shopping. ¡No ves que era un visionario! ¡Me adelanté a la era de la supermercadización!
"El que primero la ve no es el que se la come. Ahora el Yojan tiene súper en Areneras y nosotros seguimos generando plusvalía.
"Eso es lo que yo quiero, Eguía.
"¿Generar plusvalía?
Lo mira de costado, entrando el mentón. Lo señala, moviendo la mano, asombrado. Sonríe.
"Siempre dije que eras ocurrente. Tenés futuro, che, seguí trabajando. No. Ser dueño de un supermercado. Esa es mi aspiración en la vida. Pasearme por las góndolas mirando esa lujuria del consumo y decir "Todo esto es mío", respirando hondo y agarrándome la panza de abajo, así. Desde bicicletas hasta hojas de afeitar, desde equipos de audio hasta botellas de litro y medio de Dáier Esprai. Y la gente pechándose con los carritos como si fueran autitos chocadores, peleándose por dejarme mi margen. Y las cajeras produciendo esa música celestial directo desde El Lado Oscuro de la Luna.
"Tiirun, tun-tudún, tun, tun, tun, tiirun, tun-tudún
"En vez de estar bancándome a Bartok y González por 2 pesos, y encima con la enorme carga moral de esa ansiedad absurda de querer matar al monstruo de las 1000 cabezas yo solito, y con una espada de madera.
"Ahi está la guita.
"¡Ahi está la guita, no! Eso es la guita. Las pilas de oro de hoy son las góndolas. Los Midas de hoy son los gondolieri.
OH SOLE MIO"¡Apagá la corneta, Timo, que nos van a echar!
CHIUPAMEUN HUEEEE
CHIUPAMELLOTRROO
CHIUPAMMUN HUEEE"Aunque, la verdad, hoy el aparato infernal, González, Bartok, Versi, me importan un corno. Hoy por suerte tengo suficiente ocupación mental con Eléner y la Loca de Mierda. Cambié una leve molestia en el codo por el resultado de un martillazo salvaje en el pulgar izquierdo. El codo ya no me duele; no tengo otra cosa que hacer que chuparme el dedo. Y conversar contigo, claro, viendo, embelezados, cómo crecen nuestras barrigas, cómo se ensanchan nuestros otrora esbeltos vientres.
"Noblesse oblige. No hay onda sin noche, no hay noche sin copas, y no hay copas sin panza. La panza nos es inevitable, Timo. Yo la llevo con dignidad, hasta con orgullo.
"Sí, fenómeno, pero da para confusión. Viene nadie y te pone un medidor en esa prominencia infame que te está por hacer saltar los botones, a ver si hay whisky o café. Si te ven por la calle cargando estoicamente con todo eso no estés seguro de que van a decir "¡Cuánta noche tiene ése!". Yo me inclino por "¡Mirá, Tito, otro ejecutivo!". Somos una especie en extinción, Eguía. Nos terminamos mimetizando con lo más detestable. Vos y yo todavía mantenemos estos delirios en equipo una o 2 veces por semana. Pero: ¿y el resto? No sólo el resto de los amigos. El resto de los días, de las horas. ¿Qué hacemos nosotros con el grueso de las horas de nuestra semana? Se acabó todo, Eguía. Ya queda nada. Queda nadie.
"Es muy temprano para ponerse melancólico, Timo. La escena final va unas horas más tarde. Vos me tratás de recalcitrante porque soy casado y no puedo salir todos los días contigo, me decís que soy monigote de mi mujer, yo me ofendo y me voy, nos gritamos, vos sentado y yo parado, los parroquianos se ríen diciendo "Otra vez la escenita de los pensadores", y vos le hacés señas al Rigoberto para que te mande otro whisky mientras yo salgo rapidito y refunfuñando, mirando el reloj.
Qué suerte poder recordar. Qué suerte que Eguía recuerde también, todavía, la poesía. Que aquellas verdades compartidas, a medias, sigan siendo al menos ecos en los corredores de la casona oscura, húmeda y desconocida.
"La metafísica de la barriga... Mirá que hemos conversado en ese Jauja y ese Ostende. ¿Te acordás de aquel mozo veterano que no nos dejaba sentar en la parte de abajo, bajando los escaloncitos, cerca de los baños? Era nuestra mesa, y el muy sorete se empeñaba en que esa parte no estaba habilitada. Cra, lo que se dice cra, es el otro, el marica. De los mayores personajes de La Vid, con el acomodador del Banco Imperial y la peluca de la sucursal del Mercantil de Montecito y Chaco.
"Y el gordo Prado.
"Tenés madera, pibe, dale para adelante. Hay que trabajar, hay que trabajar mucho", raspaba. Devolvía las tamaño carta a doble espacio sin haberlas leído, y seguía tomando sus sempiternos whiskies. Después cruzaba a Templanza y se pescaba alguna venérea cada tanto para no perder la costumbre. No murió de eso, pobre obeso. Cuentan que su entierro fue una verdadera orgía de grotesco, una expresión local y tercermundista del ocaso del surrealismo. "Nos despedimos con dolor del gran amigo Pardo, poeta elevado". Ahi saltó algún borracho que no era ni José María Eguía, ni Mainenti, el del cuadro barato pero enorme que cubría la pared, incluyendo entre sus personajes, respetuosamente, al bárman-mozo, con los lentes mitad, de escribano a punto de jubilarse, sobre la frente, a lo aviador. Ni, claro, ninguna de las poetisas querendonas a quienes antes de cada cóctel se encarecía no mostrar la hilacha demasiado rápido. Desesperado espetó el incansable compañero de copas y frustradas peñas: "¡Ni lo conocías, laconchetumadre!". La piñata fue general, y sin discurso.
"El querido amigo Pardo. Quién nos quita lo robado, Eguía. Quién nos puede decir que no nos tomamos muchos gin fizz al fondo, en el cuadrilátero que regenteaba el viejo con los lentes en la frente, que pululaba también en el cuadro grande de Mainenti. Con alguna achura picada y alguna pituquita enfrente que entendía un carajo. No es que nosotros entendiéramos, pero disfrutábamos. No miento si digo que me dolió cuando volví y me encontré con esa feria de artesanos, absolutamente marrón, pisoteando hasta el recuerdo del Jauja. Hoy ahi no hubo Juaja jamás, no hubo Jauja ni hubo ná. Sólo asquerosos artesanos vendiendo porquerías alejadísimas de la estética y panfleteando slogans destrozados por la historia, pegajosos y gediondos.
"En cualquier momento tiran abajo el Ostende, y adiós a los tachos con pomelo. Con ese escenario ideal que tiene arriba. Es una lástima que no haya inversores con visión.
"Fue en la mesa frente al baño, pegado a los escalones, que elaboramos la metafísica de la barriga. Yo tomaba pomelo Maltus, todavía.
""La lógica es el reino de los datos individuales. `Si quieres generalidades abandona la lógicá, dirá el maestro de largas crenchas oscuras y brillantes, tal vez trenzadas, o de áspera túnica e hirsuta y canosa barba y, generalmente, prominente barriga. Lo que no hace más que descalificarlo, porque quién no sabe que la barriga es territorio burgués, y que en tierras burguesas no se cazan conceptos generales."
"Sos un prodigio. "En efecto, la barriga es el último objetivo. Apartamento amueblado, luminoso y con calefacción, y en Los Pozos. Trabajo con toneladas de papel, jefe y subalternos. Novia. Con todo eso y barriga, ¿qué mal temeré? `Tu callado y tu bastón cerca de mí, ellos son todo mi consueló. El Señor es mi panzón, nada me puede faltar. ¡A dejarse la barriga, hombre, y ya está! Desde ese momento nadie podrá decir nada". Doble negación.
"¡Te picó feo ese bicho, ¿eh?! "Es algo así como una faja de Procusto: te ponen un pantalón talle 56 y te ceban hasta que el ombligo tape la hebilla o la hebilla tape el ombligo. Porque: ¿qué hacemos sino cebarnos? Con todos esos refrescos azucarados, ese pan, esos interminables tipos de dulce en plástico, ese alcohol, ese tabaco, esa pasta, ese bombardeo publicitario que, para más desgracia, trata mayoritariamente (es un cálculo informal) de cosas que uno se mete por el orificio bucal".
""¡Usted es bombero!" "?Por qué lo dice, buen hombre?" "Esa decisión, ese arrojo. Ese aplomo. Esa forma tan... varonil de tomar la grappa... Ese hacha, ese casco, ese traje rojo. El camión afuera."
"¡Pará, no mezcles! "Toda una promesa: entra en el ritmo, viejo, y tendrás tu barriga. Y, si te dejas llevar, tendrás también tu tos, y tu mandíbula prominente, y tu dolor de cabeza, y tu mal humor, y tu desinterés por todo lo que no sea el jueguito menor que es la vida laboral. Cuando en vez de hablar gruñas, cuando en vez de divertirte mires TV, cuando tus cada vez más espaciadas erecciones te sean invisibles en posición vertical, habrás aprendido".
""`Cuando puedas tomar los guijarros de mi mano, habrás aprendidó. El pobre gurisito con los ojos menos rasgados que los demás pegaba un manotón a lo sopapo panadero, un voleo de ahogado, y el maestro, con una sonrisa socarrona y triunfal entre su pelada y su patriarcal abdomen, cerraba de una la mano dejándolo en el mayor de los ridículos. Y la humillación era aún peor cuando gentilmente lo invitaba a girar y observar el lamentable espectáculo de todo ese papel de arroz pisoteado, ajado, arrugado, estropeado (sí, estropeado, no podemos evitar decirlo)".
""`Cuando puedas fumar 40 cigarrillos y estar sano, estarás en camino. Y cuando mires desde arriba sin ver tu zodape que sabes enardecido, ahi sí, ahi sí habrás aprendidó". ¡Esto es arte, Eguía! Teníamos una carrera por delante y la dimos por un plato de lentejas. ¿Tus 2 hijos y mi hermana valen esto? Cambiamos la humanidad por el mezquino circulito de la familia. Cambiamos la posteridad por el 0 quilómetro, el veraneo en el este y los colegios ingleses.
"Yo no sé cómo tu hermana te quiere como te quiere. Si supiera cómo la defenestrás.
"Te estoy hablando con el alma. Sabés que la adoro, que me haría matar por ella o por tus hijos (por vos está por verse). Por eso te hablo en plural. Nos compraron por 100 abyectas, míseras monedas. Nos vendimos al bajo precio de una dudosa necesidad. Nos prostituimos.
Haciendo uso de su más apagada, melancólica sonrisa, Eguía le apreta compasivo el bíceps braquial, y se mantiene así un tiempo prudencial, el tiempo mínimo que hace indudable una verdadera comprensión, una añoranza sincera. Luego mira su Rolex.
"Me tengo que ir.
Entrompado, se suelta de su mano fuerte casi sin brusquedad.
"Sí, andá nomás, que tu mujer debe estar preocupada. Y dale mis saludos.
"¿Todos los santos días tiene que terminar así?
"Y sí. Tenés que irte a tu casa. Yo no. Dejame nomás, que sigo solo hasta que banque. Como antes.
"El romántico de las copas. Sabés que nunca te fallo, por eso abusás. Me pegás para ver hasta donde aguanto, para quedarte solo y contento el día que logres cansarme y no venga más. Para que sepas, cuando vayas a buscar al energúmeno, yo estoy.
"El día en que. Ni te vas a enterar. En primer lugar porque no lo voy a ir a buscar. A lo sumo, si me da la nafta, lo voy esperar. Además, ya lo casqué.
"¿Coómo?
Abre los ojos grandes y sonríe satisfecho y curioso, mostrando sus dientes mediados por el bruxismo. Timo no se explica cómo ese anormal sigue siendo igual de ganador con la boca casi vacía.
"Te iba a decir nada. Le iba a decir nada a nadie... La cagué.
"¡No jodas, ahora no me vas a dejar así! Dale, dale.
"Viste que yo voy a la casa de Marina.
"Sí, vi.
"Viste que tiene 2 nenes.
"Sí, sabía. Dale.
"Los nenes son fenómenos. Me divierten. A veces pienso si no son ellos los que realmente me enganchan. Ella estaba en el cuarto de arriba. Mejor dicho en el piso de arriba del todo, el tercer piso, que es el suyo. El segundo es el de los nenes. Yo estaba en el segundo, jugando al Nintendo, sentado en el suelo con los gurises. El pendejo lo mueve cada vez mejor. Yo hacía de DT, me anotaba parte de los créditos. La nena no ponía objeciones: le íbamos ganando al aparatito, cada vez hacíamos más puntos, y yo era el director técnico que lo hacía posible con los buenos oficios de Nacho al volante. Así pasé un buen rato mientras ella se acicalaba o hablaba por teléfono, no sé. Estoy acostumbrado. Y no me importa, incluso me gusta. La paso brutal, son inteligentes, cariñosos, curiosos. Les doy cosas para leer y las comentamos, y adoptan mi lenguaje, y nos reímos. Nacho se quedó encantado con "Casiópea", la tortuga de Momo. Le expliqué que se llama Casiopea, palabra grave, hiato.
Eguía sacude lentamente la cabeza, agarrándose la frente con índice y pulgar y mordiéndose el labio inferior.
"Pobres pendejos.
"Y entendió, y le gustó. La otra vez, almorzando en Los Pinos, les hice una imitación del personaje de Willem Defoe en Corazón Ardiente, y se pasaron varios días riéndose al hacer imitaciones de mi imitación: meneando la cabeza con una sonrisa socarrona entre demente y estúpida, mostrando bien las encías, y diciendo "Maybe some other day, babe, now I gatta gé gowing".
Siempre por las ramas. Es imposible mantenerlo en línea. Impaciente, Eguía golpea rítmicamente el borde de la mesa, en sordas corcheas.
"Estaban jugando al Nintendo, y vos eras el DT.
"Sentados en el suelo, frente al televisor y de espaldas a la puerta del cuarto. Que da a un espacio central al que dan todos los cuartos: ése (que es el de Nacho), el de Elena, el de la empleada, el baño, y el comedor, que a su vez da, por el otro lado, a una terraza con una enredadera por encima, a lo parra, que tiene un juego de jardín de hierro blanco. 3 sillas, una mesa, y una hamaca de 3 cuerpos. Ahi se toma el fresco y el té, mirando los fondos de los edificios y un baldío lleno de escombros. Esquivando, claro, el árbol ése, enorme, cubierto de otra enredadera, tupida, llena de pajaritos, y totalmente desproporcionado con el patiecito que tiene la casa por jardín. Una casa curiosa. Al entrar, después de pasar por el garaye, te topás con una puerta chica de doble hoja que da a un espacio ciego con 3 puertas y el bulto de madera de la escalera. El hall ése, el recibidor ése, es pura escalera. La escalera es el elemento clave, el alma de esa casa. La casa parece pura escalera. Si te acercás al borde, al primer escalón, ves madera hacia arriba, derecha y voluminosa tratando de rascar con las uñas la clarabolla sucia allá lejos, al final. La compró porque la escalera se parece a la de El Sirviente de Dirk Bogarde. Y después está la luz. Y el aire. Eso, la luz y el aire. La primera vez que entré me faltaban luz y aire. Me gustaba estar ahi, pero estaba nervioso. Incómodo y halagado. Curioso, y asustado. ¿Entendés?
"No, y seguís fuera de tema.
"Tenés que hacerte la composición de lugar. Si estás apurado mañana almorzamos y te cuento.
"¡Mañana laburo, papá!
"Yo también laburo, pero me permito almorzar.
"Ves, yo no puedo permitirme almorzar porque tengo que darle de almorzar a tu hermana y a sus hijos.
Timo bebe casi horizontal en la silla. Le sonríe a través del vidrio, la voz retumba en el vaso. Le brillan los ojos de contento.
"Vil, mezquino pequeño burgués. Tengo que darte una visión de conjunto. Si vas derecho al grano se pierde. Además, la anécdota de la piña que le encajé y cómo quedó tumbado en la cama del gurí es lo menos importante. Es la relación lo que cuenta. Es la épica, la epopeya del muchachito, no contra el cuasimodo, sobreviviente maltrecho de la más famosa patota de Peñasco, sino contra la Loca de Mierda. Es ella el personaje válido. El es un muñeco, es más monigote que yo. ¿Entendés?
"Entiendo.
Estuvo tentado de empezar de 0. El cóctel, aquella aburridísima inauguración de la nueva sede de la oficina de Eguía. Fue por él; les prestigió la fiestita sólo por él. Las viejas sentadas en un rincón en las pocas sillas de plástico, ésas de una pieza entera, tan ahuecadas que si duermen al sereno en invierno se les empoza el rocío. Se sienta en una, contra la ventana, aprovechando un descuido de la más gorda, que seguramente no aguantó más las ganas de mear. Está sentado en el peor rincón, oyendo el tránsito de 28 y mirando para afuera, al cielo, tratando de generar algún ensueño que lo saque de ahi, urgentemente. Ve pasar personajes de cierta importancia y espera que no lo vean. Entre ellos Bruckenbaum, con sus lentes modernos que no pegan mucho con su cara de ceriama acorralada. Bruckenbaum lo ve, porque él lo está mirando. Pero es el Señor Representante el que quiere mimetizarse, y tiene por qué. Vuelve a su ventana, a su ruido y su tibia contaminación, a su cielo, esperando que pase alguna gaviota que lo lleve. Nada. La vista se posa en el Seba, corrupto también pero simpático y cariñoso, cualidades suficientes. En un rato irá a charlar con él. Y de pronto, la tensión. Las pupilas rígidas, los puños cerrados. Hay un aerolito de azul en el medio de la marea de mortales, reflejando haces de luz hacia cada partícula de humo. Una carne luminosa y oscura, vaya combinación. Adivina el perfume, la suavidad. "Esa mina es pá mí", piensa. Una robusta morocha con un enorme volumen de pelo apuntando hacia un lado, como una visera corrida. Una boca voluptuosa, un trajecito justo levemente chillón. Potente e infantil. Sonríe nerviosa, sostiene el vaso amarillo y traslúcido esperándolo. Y luego todo se desenvuelve tan fácil, tan como hecho que no sabe muy bien cómo está mirando esas fotografías grandes, todas de ella, iluminadas por lámparas con vaporosos tules en vez de pantallas, generando una luz oscura en ese silencio tenso, cortado a hacha por el sonido seco de los pasos en el piso de madera, por el quejido de esos tablones largos y finos ante los pies que insistían en alterar el precario equilibrio de la noche. Y ella se da vuelta frente a aquel cuadro alto y él se le va encima y la besa naturalmente, como si fuera como siempre. Lento, pausado, rozándole apenas los labios y la piel con los labios y la punta de las yemas de los dedos, apoyándosele levísimamente contra el aparador que sostiene la lámpara de los tules y varios platos y candelabros y fotos debajo del cuadro alto. Después el colchón en el piso, y el amanecer, y las cerámicas de los chicos.
"Lo que no sé es de qué tengo miedo. Es siempre una sensación ambigua, dudosa. ¿No? Un torero, parado (o arrodillado, incluso) frente al toro que sale disparado, majestuoso, imponente desde el rincón, entero todavía. ¿Tiene miedo de la muerte, del sufrimiento, o del toro?
"¿Me das unas horas? Mañana te contesto.
"Quizá tenga miedo de ser lo que no soy, o al menos lo que creo que no quiero ser. Vos sabés que yo no soy un luchador, Eguía. Sabés que me paso la vida elucubrando formas de no concebir la vida como una lucha. Si está conmigo que sea por eso, porque está bien, y no porque se la gane en lid a nada ni a nadie, loco. Y menos, muchísimo menos a base de pateaduras o amenazas o plantones en la puerta de la casa. Viviendo en vilo, pensando que de atrás de cualquier árbol puede salir el palurdo y tendré que agarrarme a hostias. En serio, si se presenta otra vez borracho pidiendo a gritos que lo destroce, lo destrozo, y sería verdaderamente lamentable.
"¡Y gastalo, viejo! ¿Dónde está? Llamá al Memo, que es descontrolado, y lo vamos a buscar.
"¿Sería bueno, eh? La cagada es que soy muy grande y muy importante ahora. Tengo que hacer con casi 30 años y una posición, lo que debí haber hecho con 20 y la condición de nene bien. Lo de siempre, una cuestión de oportunidad. Bah, sea como sea lo tengo que hacer.
"¡Imaginate! Los matones de la New Age.
"Los matones espirituales de los 90. No, no, no sirve. Tendría que ser más robinjudaico. Pegarle a los malos.
"Por eso, qué oportunidad te estás perdiendo, hermano. Gastarlo a piñazos sin más trámite, sin palabras. Demostrarle que está acabado, que su tiempo pasó. Hacerle patéticamente evidente lo que ya más que sabe, pobre infeliz. Pegarle a él, y después, en orden, a toda la banda de los malos de cuando teníamos 20 años. ¿No somos capaces de todo, no somos superhombres, semidioses dormidos, enceguecidos por la técnica?
"Nadie, ni yo mismo, puede negar que lo encaré, con huevos. El coraje es la superación del miedo (lamento repetirme). Yo me cagaba hasta los pelos todas las veces que lo encaré, y lo encaré. El hijo de puta me decía cagón, y con razón. Después de que lo había acostado de un piñazo, después de que lo había tenido totalmente dominado, como a un niño, después de que pude haberlo aplastado. Y me duele, qué querés. Actué por encima de mí, me falta esa grandeza, es todo mentira. Y ahora me siento mal. Insatisfecho, envenenado. Con toda la rabia que tengo acumulada, para desagotar, y perdí la ocasión.
Bebe, mordisquea el hielo. Apaga otro cigarrillo. Muerde la uña del pulgar. Miedo de ganar. ¡Pino! Dónde andará. Tenía como 40 años y se pasaba todavía colgado del porrito. No sabía ganar dinero, como el hermano mayor de Duras. Entrenaba al equipo de baby fútbol de Pieve, allá en el Cadore (allá donde vivíííí-a). Les gritaba de afuera, desaforado: "¡Avete paura di vincere, cazzo!". Eguía, contemporizador, hace señas de CALMA con las manos, mostrando las palmas como si fuera un asalto, un poco más bajas quizá, y amagando adelante y atrás. Sin faltarle, claro está, el mohín tenso.
"Entendámonos. Son 2 cosas buenas y excluyentes: el desahogo y la grandeza. "Es difícil darle espacio a todos los tipos que viven acá adentro, en el conventillo".
""Y además hay un patio solo, y es chiquito. Y por estas latitudes llueve bastante y hay muchos días en los que no puede salir ninguno, salvo los que tienen equipo de agua y además resisten bien la gripe".
Con todos esos vidrios llegaba a tomarse en serio lo de los semidioses, y quería despertar. Quería darle un montón de paz al amigo, quería protegerlo, acompañarlo, parecer un molinete pegando tortas por él, repartiendo el 1-2 tan rápido que entrara el 2 antes que el 1. Pero no tenía ni paz ni aspas. La tan elucubrada vocación de héroe. Otro de los temas del Ostende y el Jauja, por los tiempos de la Literatura del Mondino, con su bigote anacrónico, y la Historia del Boggio, con su gamulán de solapas enormes e inmutables como las de Steve Austin, casi amarillas. "¡Qué elegante, profesor!", le decían. Y el respondía: "Tres elegán". 20 años de conversaciones y partidos, y pequeñas gestas de conquista y derrota y muchas risas. Hasta que él se casó, y el 3.14 se juntó, y el Timo quedó solo dando lástima y envidia.
"No veo cuál es el problema. Nos tomamos unos whiskies (poquitos), y los vamos a buscar. Vos, el Memo y yo. ¡Si son como los hell angels trasnochados que andan por los pueblitos del Midwest! Peludos y panzones. Lo único que les queda son las memorias y los gruñidos. Están acabados, no podemos perder.
"Es una sensación física. De miedo, o de impotencia. Un levísimo temblor que los otros no notan, que debería haber sentido esta reventada en la cama pero quizá no lo notó porque es tan insensible. Un cosquilleo en los antebrazos y en la respiración. Un miedo enorme a que
Eléner me gaste a piñazos. Es cómico cómo tengo miedo de que me peguen. No tengo miedo de que me pise un auto, ni de enfermarme, ni de morir. No tengo miedo de las balas ni de los cuchillos, tengo miedo de la gente. Tirado ahi, boca arriba en ese colchón. Rodeado de tules haciendo carpa, como si estuviéramos en algún lugar de Indochina, o de Las Misiones. Ella parece dormir, y yo escucho el motor que pasa y vuelve a pasar hasta que no me banco más y me levanto y salgo al balconcito a tomar el fresco y a verificar que el ruido de vidrios rotos no fue el Pato resistiendo los fierrazos de este animal. La noche se ve soberbia desde ese tercer piso, casi en la copa de los plátanos. La luz del foco de neón juguetea con las ramas y con la brisa. Nadie más que gatos y silencio en la calle, salvo cuando pasa el Lancia viejo y pardo despacito, patrullando. Dobla en la esquina y el ruido mengua hasta que llega al punto opuesto de la manzana en que casi no se oye, y de ahi levanta hasta que lo veo asomar en la otra esquina, contra la Placita Estensoro. ¿Sabés a quién vi saliendo de uno de los edificios de enfrente? ¿Rapidito, subrepticiamente? A la petisa aquélla, la que me pegó el herpes, la abogada. Cortita y culpable siempre. Me hizo gracia. Tuve ganas de gritarle algo bien soez, pero era un crimen hacer yunta con Eléner pegándole a la noche. Era un cuadrito perfecto desde el balconcito perfecto, chiquito como un grano en la frente de la Loca de Mierda. Vuelvo a la cama y me recrimina que estoy nervioso, que si estoy incómodo que me vaya. Me jode, la mina me jode. La apreto y no me responde, me gana con su piel de ungu~ento, con su cara de niña que rompió algo, ladeadita y casi sonriente. Estiro la mano y la toco apenas, y la traigo y la recuesto contra mí y la acaricio pensativo y la oigo ronronear y tengo miedo de que lo que pueda decirle sea grueso, no esté acorde con su delicadeza, con su delicadísima pátina de sudor perfumado. Y lo que pienso es que soy un gil, que me está ganando el canto de la sirena a mí, el hombre de hielo, y a esta altura del partido. Que esto tiene un algo que no me gusta, que me rechina, que chirria. Que a esta mina no la gobierno y por eso quizá me quede grande, como su macho. Que lo que soñé, y pienso, y le digo seguido y en joda tiene mucho que ver: hay algo mágico, una fascinación injusta, dominante, morbosa. Los matás, negra, los enloquecés, nos enloquecés. Le pregunto jocoso si tiene trato con el diablo, si está en la macumba o el umbanda. Sueño con poseídas que se llaman como ella y que hablan dulce y raro. O que su amiga, Adelaida, la de las tetas caidas, la que salió con el Seba, chiquita y de grandes y redondos ojos azules (Adelaida no tiene ojos azules), me recibe en lo de Marina y me cuenta que está arriba con un rubio grandote, y que no es claro si se están pegando o acariciando, si se están cogiendo o castigando. Subo las escaleras largas y en torre, que en el sueño son más amplias. Grito su nombre respetuosamente desde el piso anterior. Estoy parado sobre una moquette azul intenso que no existe (la moquette, digo), y sé que está el animal, y no hay respuesta.
Eguía pidió otro whisky y otras papas. La cosa iba para largo. Timo estaba grave ahora, pero con el mismo entusiasmo. Cada tanto se adelantaba y le tomaba el brazo, y enseguida se arrepentía porque quería seguir pareciendo grave. Es que realmente estaba grave. De la cabeza. Eguía sonreía gustoso y socarrón. Veía con placer cómo el sabor de la historia y de la atención del auditorio se superponía a la tristeza y la angustia que este desequilibrado venía machacando desde hacía unas semanas ya, y que él no dudaba fueran ciertas. Timo estaba más flaco y se repetía en el tema, con obsesión. Pero antes que nada era un narrador, siempre persiguiendo episodios, generando literatura a partir de la buena o mala voluntad de los satélites que se permitían rondarlo, tántas veces como polillas a una lámpara de querosén, aunque ésta no. El pacto estaba sellado. Eguía quería colaborar, y su mujer que espere.
"Contame los sueños.
"Alguien anunciaba por la radio sus servicios de exorcista. Yo estaba sentado con algún miembro femenino de la familia en el comedor de la casa de abuela. Acto seguido el exorcista era yo (aunque físicamente no lo fuera) y presenciaba el espectáculo de la pretendida poseída, que era Marina, una niñita que era Marina. El show era sutilmente aterrador. La nenita hablaba con absoluta dulzura, pero con una voz que no era la suya. Yo miraba a la mujer, mi madre o mi abuela, que era la que patrocinaba este despliegue, la que quería mostrarme lo poseída que estaba la niña. De repente Marina se ponía a hablar de mala manera con su verdadera voz, para decir que sí era cierto, lastimeramente pero con energía. Luego volvía a la escalofriante dulzura del principio y empezaba a levantar una tijera de la mesa, con la intención, a mi entender, de atacarme. La tijera estaba sucia de pelos y cuero cabelludo. Yo le decía suavemente que no, que la dejara, y ella la alzaba hasta la altura del pecho. Me desperté con la espalda erizada de miedo, y estuve muchos minutos sintiendo movimientos, oyendo ruiditos que no deberían existir, hasta que me decidí a levantarme y recorrer la casa prendiendo todas las luces. Eran como las 2 de la mañana y no me podía dormir, así que aproveché la volada y me puse a leer un trabajo de Marina sobre la situación de la mujer en la sociedad. Objetivamente, un pasquincito feminista. Sin embargo lo leí a conciencia, marcando comentarios y sugerencias de redacción. A las 3 y cuarto terminé y me dormí tranquilo.
Qué ganas de contarle también La Noche del Miedo. Pero no daba el tiempo. Tenía que dejarlo participar, si no se le iba a ir antes de que llegara el Memo (esperemos que el Memo no falle hoy) y entonces iba a tener que arrear vaya uno a saber cuántos minutos ahi solo, sintiendo las miradas de toda esa gente que en realidad no le daba ni la hora. Con el sueño del exorcista se había hecho carne aquella noche en el President, en el apartamentito lujoso de aquél que se lo había sacado de encima fácilmente con eso y un refuerzo de cerdo en un quiosquito en la vereda. Había terminado la música barata del hotel allá abajo, la fiesta en la piscina que miraba desde el balcón, relojeando de a ratos los 2 morritos a lo lejos, como las tetas de una gran mujer acostada con los pies en la costa. Sólo quedaba el silencio de la brisa. Tirado en la cama las sábanas se le pegaban al cuerpo, de tanto frío. Las cortinas bailaban, los envases de plástico se movían, se daban contra el suelo de una manera totalmente normal porque había una cierta corriente que debería resultarle agradable. Pero él sentía un miedo atroz que le erizaba la espalda y lo obligaba a respirar hondo y ruidosamente para empujar los minutos hasta el amanecer. Sentía que iba a salir de atrás de la cortina alguno de esos intrusos con cara fea y se iba a poner a hablarle o simplemente a sonreirle de lejos, despectiva, amenazadoramente pero sin hacer, sólo mirándolo desde el rincón a ver hasta cuándo podía aguantar. Los tiempos de Mallorca, de Cala Millor, de Pedro Romano, del C'as Torrador. Y también estaba aquella otra noche, en Alba, con aquel gatito siamés, tan delicado. Cinzia le había dejado el apartamento de la abuela muerta y se había ido a dormir a otro lado. Hacía frío. Se despertó con el único ataque de asma de su vida, y aquel gatito dulce parado sobre su espalda, prendido de las cobijas con sus zarpitas y mirándolo fijo con esos ojos rojos y llenos de luz. El gatito se bajó cuando vio la luz de sus ojos, y se arrinconó en la otra esquina. Quedaron así, midiéndose en el silbido de su respiración, hasta que la noche expiró.
"Tu madre, o tu abuela, te dice que tiene el diablo en el cuerpo. Está bien que seas tomador de riesgo, Timo, pero el mensaje es claro. Largá a esa mina, loco. No te sirve.
"Gastón dice lo mismo, ¿sabés? Que debe tener los chakras bien abiertos, como platos de postre, pero girando al revés. Que me voy a enfermar. Y puede ser, sí, que esté enfermo. De aburrimiento. Anoche
fui a la casa de Fabio, un amigo italiano de Paula, la arquitecta, y me pasé toda la velada pensando en Marina, carajo. Había un fuego fascinante. Paula se quedó a dormir acá. Le eché 2, con esfuerzo. Le falta carne, le falta piel. Se fue como a mediodía. Se iba a comer con sus amigas. Me quedé solo y aburrido como un perro, y ahi me agarró la tentación. Llamé a Alejandra y no estaba, pensé en llamar a Dolo pero lo deseché, y al final terminé llamándola e invitándolos a los 3 a comer en Los Pinos. Aceptó, pero ya empezó a decir pavadas, incoherencias. Cada vez me convenzo más, me demuestra más que está absolutamente chalada, totalmente desnorteada. Se rige por el absurdo. 8 años de masaje cortical no han hecho más que afirmar su propio absurdo, y todo con la única finalidad de que, llegado el momento, fuera capaz de pisotearme con él, de pisarme la nuca metiéndome la cara en el barro con él, de aprovecharse de mi primer gesto de debilidad para darme una paliza con él. Dolo no, Dolo estaba deseando verme un poco débil para poder darme. ¡Y yo no lo notaba! ¿Eso es amor, entonces? ¿Es eso? Decime, Eguía, vos que no sabés. Decime igual Eguía porque necesito el respaldo de tu voz, necesito de tu desapego con tu ignorancia para sentirme comprendido. Tiene un muro alrededor del cerebro, repite los argumentos, que no son argumentos, son afirmaciones. Los mantraliza. Sólo argumenta con ella, y luego después, a posteriori, te los larga. Los masca hasta agotarlos y luego me escupe el carozo, la hoja reseca empapada de saliva. 2 medidas 2: no comer mierda, y no encarar tareas mayores que tus fuerzas. Pero qué querés, hermano, si la quiero.
"Si la querés te vas a tener que joder, porque ella no puede salir y vos no la podés sacar. No soy McGiver.
"Estoy comiendo mierda y estoy enfrentándome a un dragón tricefálico fálico sin espada. Estoy recibiendo insultos inmerecidos, estoy sometiéndome a juicio y censura porque sí, y estoy regando un cerebro de piedra. Lo dicho, lo tuyo es Eléner. Te equivocaste, tenés razón.
"¿Y yo qué tengo que ver?
"¡Qué antiliterario!
"Vos, no te descontroles. No entres, no entres en la discusión, no entres en el juego. Pobre mina, qué pedo, por Dios. Llevala a almorzar, como 2 buenos amigos. Conversá, pasala bien. Forzala a pasarla bien. No hables de ella y vos, no le propongas nada.
"La doble la dejo pasar. Parece que ella va a venir con las baterías. Ya empezó con que yo me pongo malo si sale con otros, con que yo hice lo que no hice, que yo hice lo que ella hizo, exactamente.
"Transferencia le llaman los freudianos, creo.
"Proyección. Totalmente pialada. Es increíble, parece no recordar todo lo que dijo. No tiene la menor autocrítica, el menor tino. No valora las palabras. Después de lo que me dijo, y lo que yo terminé diciéndole la última noche, me llama como si nada.
"Quién sabe es lo único que puede hacer para demostrarte su interés, su arrepentimiento, hasta su cursi amor.
"En realidad cambió. Me engañó. Es otra cosa que lo que era cuando estábamos bien. Tiene un miedo atroz... En realidad se parece mucho a Cher en Sirenas.
"Estás cagado.
"Pero menos. Ya no tengo angustia. Ya no tengo compulsión a llamarla... Todas me las hizo, todas. Me empujó, me empujó, me empujó, hasta que me sacó, y después dio un portazo y trancó la puerta. Y ahora me hace adiós de la ventana.
"Te está jodiendo.
"Gran sagaz. Pero, ¿por qué?
"Simplemente porque es su naturaleza, o su deformación. No es mala intención, es lo único que puede hacer.
"Es su miedo, la expresión de su miedo enorme a ella, a mí, a todo, ese miedo que se le nota en el gesto de la cara, en el movimiento constante de las piernas. Increíble. Es eso lo que me fascina, lo que me engancha: que no logro entender. No alcanzo a entender cómo las cosas cambiaron tanto en tan poco tiempo.
"Es un esfuerzo al pedo. Buscar un orden donde no lo hay.
"¿Era Shoppenhauer que decía que el desorden es un orden incomprendido? ¿O era Bertrand Russell? Bah, creo que no viene al caso.
"Era Miller. El bueno.
"Me sigue dando vueltas la maquinita, qué querés. Sigo pensando que cómo, si estaba, no está más. Si estaba puede volver a estar, pienso, por momentos.
"No seas gil, las cosas son como son, las personas son lo que son. Las cosas son lo que parecen, como decís que dice ella que dice un amigo.
"Hizo 400 inadmisibles. 399 admití.
"Las cosas son lo que parecen. ¿Te acordás de que cuando la conociste dijiste malo malo? Había unos cuántos indicios. Lo que pasa es que te gusta jugar. Jugaste, hiciste bien. Perdiste, jodete, vamoarriba, hay verdes y hay maduras.
"Los movimientos sanvitescos, la voz destemplada, la terminología obsesiva, reiterativa. La forma de argumentar. Los antecedentes, léase 5 años de Eléner. El movimiento de la pierna cuando está sentada. La risa, loco, la risa constante y nerviosa, como ahora cuando empezó con el domingo 7 de si sale o no con otros. Nada que ver, sólo la invité a almorzar. Sólo los invité a almorzar.
"Caben muchas elucubraciones. La risa indica que está muy nerviosa. La desencajaste. Eso de si sale o no con otros: espera que le plantees un revival. La compulsión a salir con otros, para demostrarte que así como están cada uno hace la suya.
"Que la exclusividad sólo viene con el matrimonio. En estos últimos días, en que no nos vimos, me llamó y me daba explicaciones de que sale pero pasa nada. Le dije que a mí me importa un carajo, que es su vida. Mentira. Me preguntaba con qué minas salgo y qué hago. Cosa mía, salgo con amigos y amigas, siempre hay alguien con quien pasear.
"Rindiendo cuentas, como si fueran pareja. Demostrando interés.
"Llama y corta, no deja mensaje. Se queda callada, pero se oye el Sabalero diciendo VOLVER VOLVER.
"¡Qué mal gusto, hermano! ¿Y vos se lo permitís?
"Si fuera sólo eso, sorete. Hasta la llevé a verlo en vivo. Un sótano en 28 y Timbó. Le quería tirar la bombacha, yo la alentaba. No se animó. Le encanta la onda recio choborra, voz de aguardiente.
"¿Sabés por qué se llama así? Lo leí en el cultural de La Comarca. Porque ardía si le daban fuego... Las primeras destilaciones... Los curas en la Edad Media, antes del alambique... Esos sí que le daban al tinto. Más que el Canario.
"Me tuvo una hora por reloj en el teléfono hasta que le dije que era la de las largas conversaciones telefónicas. Me hacía sus ronroneítos, pero no entré, no le dije de vernos. "Bueno, me voy", me dijo, como aceptando... Me dijo un montón de cosas lindas.
"No se puede, Timo, NO SE PUEDE. Se acabó. No sos capaz de cambiarla, de curarla, de recuperarla. Cuando puedas enderezar lisiados, quién te dice. Pero ahora, así nomás, de pareja, NO - PODES. Lo único que te hace es daño. La cagaste invitándola a almorzar, pero ahora ya está hecho. Llevalos, divertite y divertilos. Reíte como te reías al principio, como siempre debiste haberte reído. La cosa se cagó cuando empezaste a tomártela en serio, como en GABRIEELA.
"Dice que es seria y yo no. Habrase visto. Quiere jugar al gato y al ratón, enloquecerme como enloqueció al pobre descerebrado.
"Le faltaban muy pocas materias...
"Exacerba el jueguito femenino. Así se detruye. Por eso estuvo tanto tiempo con Eléner. Tal para cual. Te destruyo, me destruís, y así yo me destruyo y vos te destruís.
"Ingenioso.
"Así soy yo.
Las papas rezongan entre los dientes a media asta. ¿Por qué les pone tanto ketchup? Estamos en el sur... ¡Y encima se chupa los dedos!
"Loco, no me lo puedo creer. ¡Estás enamorado!
"Sí, hermano, qué cagada. Adiós a las armas. Ya no más conquista, no más desprecio, no más indiferencia e indignación continuas, no más muerte de neuronas de tracto sucesivo, no más ser el culpable de sus mediocridades, de sus infelicidades. No, no es que sea tan inteligente, pero piensa, hace, decide. Y coge, mirá que coge, viejo. ¡Cómo coge! Por donde quieras, cuando quieras, donde quieras. Y se me para y se para otra vez y vuelve a pararse y luego bomba y serrucho y no quiere bajar y ahi sigue manteniendo el agudo de contralto. Y se me baja la panza y no sé si es por los disgustos o por el coito no interrupto o porque dejé el alcohol. Y me miro en el espejo y me gusto. Con las ojeras y la contracción en el plexo y el bruxismo. ¿Estoy en paz? No. ¿Soy feliz? ¡Mirá que vos hacés cada pregunta...!
"Estás encanutado.
"¡No me jodas! Si sabemos que los consejos no sirven para un carajo... Escribir sirve un poquito más. Ayuda a internalizar.
"A quién querés engañar, iletrado, con ese barbarismo pretencioso.
"Quiero decir que ayuda a mirar hacia adentro, a introspeccionar.
"Verbo de un sustantivo de un verbo, puaj.
"Escribiendo podés concentrarte un poquito. Fijar de veras tu atención en algo. Pensar en una sola cosa, y que además esa cosa seas vos. Vos no, yo. Que es siempre pensar, ya sé. Un internalizar pensando, che, diferente de la búsqueda del vacío, tan antinatural él. La propia mente como solo objeto de conciencia. El propio pasado.
"No, no, de ninguna manera. No. El propio presente. El propio pasado implica necesariamente
"Siempre implica necesariamente.
"Implica diversidad, que es justamente lo que estamos tratando de ahuyentar.
"El propio presente. Pero fáctico, hasta externo. El teclado, las manos, la pantalla, el ruido de las letras, el zumbido de la UCP, que no es ninguna agrupación política.
"Diversidad, hete aquí. Vade retro, Satanás, la concha de tu madre.
"Pero, ves, no es tan así. Es, en realidad, una diversidad única. Puedo decir sin temor a equivocarme que estoy concentrado, estoy en eso, estoy ahi, y además lo estoy disfrutando. ¿A santo de qué? ¡Qué mierda importa! Ahi estoy, sin la ansiedad de siempre, sin querer estar en el próximo minuto o la próxima hora, sin estar intranquilo por lo que tengo que hacer luego, enseguida, aún en el caso de que luego enseguida tenga absolutamente nada que hacer. Eso y sólo eso, ésa es la cuestión. Las arrugas del panel de corcho en la pared como forma de prolongar otro poquito el olvido de la espera. Que llame, que no llame, que vuelva a la casa, que esté donde esté, incluso con el pata de bolsa, yo estoy aquí, en esto, y seguiré estando en esto hasta que me interrumpa Baroffio con un grito o un timbre o unos golpes fuertes en la puerta. Eso soy yo, y mi circunstancia. Esos archivos afásicos soy yo. Soy mi sicólogo.
"Sin p, al pesar de Borges.
No entienden. Ni Gastón, ni Eguía. Claro, ellos no se sientan en el bar con ella toda la mañana en vez de ir a trabajar. Los 2 viendo pasar toda la mañana a través de la ventana del Agnés, en uniformes de medias caídas de liceales en inglés y lisiados engañando baldosas con encomiable dedicación. No escuchan sus dudas, no sienten sus pecas ni oyen el viento entre sus dientes. ¡Qué saben ellos! Sólo saben lo que es verdad, sólo conocen los hechos y sacan las conclusiones obvias, y además lo quieren. Sólo recomiendan lo que cualquier sensato que está de tu lado debe recomendarte, sólo hacen lo que él haría en su lugar. Pero qué importa si cuando la deja le duele todavía más el diafragma, se siente todavía más cansado, más tentado por el lecho, el opio de su pueblo. Si es con ella que se imagina enfrentando grandes avatares, cabalgando mares, decapitando reptiles de 3 cabezas que cuidan miles y miles de pilas de papeles que protegen a miles y miles de pusilánimes puercos purócratas. Es ella la que ha logrado complicarle la vida, ella la que conquistó su tiempo conciente, la que lo desvía al menos un poquito de sí mismo.
"¡Ah! Te quería contar que ayer vino a verme Doloures, dijo que vos la habías mandado. Quería venderme un tiempo compartido en Florianópolis. Se puso a hacerme unas gráficas y quedó hecha un nudo. Terminé explicándoselas yo.
"¿Compraste?
"Estás mamado. ¿Con qué?
"No seas caradura. Si la cuenta corriente no te da más. Pero hacés bien, apretala así tenés para pagarme las copas cuando me saque la máscara.
"¿Seguís viéndola?
"Le dejé muy claro que estaba con Marina. Simplemente ese día estaba atendiendo a Eléner y no quise tocar el timbre, no pasé otra vez por ésa y me costó mucho, y por eso llamé a Dolo y la invité a cenar a Jonasito y me tomé una botella de vino, y le dije que pudimos haber hecho algo bueno ella y yo. Estaba linda como una flor. Y esperaba coqueta. Cuando llegué a su casa pensaba dejarla e irme, pero no tuve más remedio que besarla, y no pude.
"Sos un desalmado. Habla y se pone nerviosa como una nenita que pasó al frente. Aunque está buenísima.
"Sí, es un abuso. En el momento me justifiqué en que existía una remota posibilidad. Me dio mucho. Me alivió, con grandeza, y yo estaba convencido de que tenía nada de nada. Estuvo cariñosa y comprensiva. Hasta inteligente. Me enseñó.
"Canta, oh Diosa, las loas de la infradotada.
"Dijo algo como "Vos das, no cabe duda de que das. Pero no estás dispuesto a recibir".
"¡Qué impresionante! ¿Habrá estado preparando la frase todos esos meses que la hiciste esperar?
"Y después me acarició como a un niño hasta que lloré un poco, y me sacó la ropa antes de que pudiera reaccionar. Me dejó ahí tirado sobre el sofá del living, sobre el mismo sofá en que se emborracha su papá antes de irse a dormir, con muchos faroles de Etiqueta Negra que son pura soda. Después se sacó los pantalones con la mirada perdida, y con esa cara de desquiciada que tanto me molesta se me trepó patiabierta y me puso con la mano, y empezó a moverse, y me enloqueció. Ella ni pío, como sabrás. Se desespera, pero después, 0.
"CEEEROOOO. Ojalá yo tuviera ceros como ése.
"Me dio sin recibir, me dio lo que necesitaba, sin pedir. Espero que eso le haya dejado muchísimo, porque no la volví a llamar hasta esta mañana para tomar café con leche, y eso fue hace meses. A pesar de que me había ofrecido ver en su casa La Caída del Imperio Americano, que me la estoy debiendo. Después de eso simplemente me fui a dormir satisfecho, relajado, para poder esperar calmo y seguro la llamada de Marina.
"¿Y hoy qué te dijo?
"Me expulsó. Pero tampoco hay que exagerar. Es cuestión de insistir un poquito. Me dio el teléfono del trabajo, un directo.
Levanta el dedo y abre bien los ojos, amenazante. Eguía se ríe.
"Te ahorro el UN DIREECC-TOO.
"Gracias. Me dejó la puerta abierta. Le pregunté si nos veíamos un día de éstos y me dijo que sí, le repetí si podía llamarla y me dijo que sí, así que sí, mañana la llamo y la invito a ver Locuras de Primavera, esa francesa que están dando en el Freedom y que íbamos a ir a ver con Marina. Y si por una de esas casualidades inimaginables Marina me llama y, además, me dice que me quiere ver, le digo que no puedo, que hoy justamente no puedo, negrita. Y si me pregunta por qué le digo que porque voy a salir, y si me pregunta con quién le digo que no le interesa, y si insiste me mantengo en mis 13 (?de dónde vendrá esta figura absurda?) y que sufra y aprenda a fuerzáe planchar. Y si sigue insistiendo me pongo melodramático y le zampo que ya hizo todo lo que tenía que hacer para espantarme, que ya me demostró de todas las maneras posibles que no me quiere, que soy un adorno, una maleta como dijo el gran hijo de puta de los pies ligeros. Y que además lo confirmó, lo contrachequeó (sorry) anoche mismo con eso de que yo no soy su familia, que su familia son sus niños, corroborando mi contundente afirmación de que me hacía sentir un extraño, más, un intruso.
"Eso mismo, largala... ¿Vos llegaste a la casa y estaba con Eléner?
"Sí. No es novedad. Cuando llamo y suena 1000 veces y nadie atiende, está con él. Me dice que pasa nada, y yo hasta le creo. Dice que no me abre porque no quiere lío. Y a él le abre porque se prende del timbre una hora igual. La otra vez casi se queda pegada porque de la calentura arrancó la campana, y se armó un chisporroteo impresionante. Una vez le tiró una maceta en el techo del auto desde el tercer piso. Se ríe cuando me lo cuenta. Y lo peor es que yo me río también.
"Por algo estás ahi. Algo había para aprender. Pero lo que había ya lo aprendiste. Largá, haceme el favor.
"Está enfermo, pobre tipo. Como un perrito en celo. ¡Con 47 años, loco! Le tomo el pelo a la mina: "Mirá cuando yo me pase dando vueltas a la manzana con el Pato, como Eléner". También agarró la onda de colarse por el fondo. La primera vez yo estaba solo, eran como las 10 de la mañana. Me pareció oir ruidos. Me tapé las bolas y seguí durmiendo, creyendo que era la empleada. Después me contó que había ido a su oficina y le había dicho: "¡Encontré un hombre en tu cama! ¡Casi lo mato!". Nos reíamos, y nos imaginábamos que abría la puerta del frente con un geito que conocía. Pero no. Se colaba por la obra del fondo. Había encontrado una escalera y la había puesto contra el muro. Subía muy pancho y paf, se dejaba caer en el patiecito. La puerta de la cocina estaba abierta. Entraba como perico por su casa. Pisotedor de jardines... En realidad era su casa, Eguía. No hay vuelta. El intruso soy yo. Es su casa, su mujer. Infeliz. Fue así que entró el día del Nintendo. Sentí una patada en la nuca, un pie pesado. Pensé: "¡Me pegaron! A mí los gurises no me pegan. Y además este pie no fue de niño." Di vuelta la cabeza, incrédulo, y ahi estaba. Todo eso tambaleándose, en guardia, sin hablar. Increíblemente, absurdo también en eso. Un puño rígido en el pecho, y el derecho crispado en la oreja, como si tensara un arco. Me lo vi que era pan comido, pero ni eso me quitó el miedo. Los nenes empezaron a chillar, gritándole que se fuera. Ella no aparecía. Le dije "¡Pero que hacés, animal! ¿Estás loco? ¿No ves que están los chiquilines?" Se me vino encima, poco menos que trastabillando. No venía a pelear. Venía a dar lástima, a representar una escena más del baile que tenían armado con esta delincuente.
"Pobrecitos.
"Cada vez que la dejo me llama y me dice "Mis hijos te extrañan. Mis hijos te quieren." No es ella, ¿te das cuenta? Son sus hijos... Le agarré las manos, no hacía casi fuerza. Me distraje y se me soltó, y me tiró un manazo. No llegó, y con el impulso que traía lo crucé con la izquierda, bien llenito en el mentón con los 2 primeros nudillos, que me quedaron raspados. Nunca metí una mano mejor. Cayó como podrido en la cama, que se desarmó con el peso. Habría que haberlo filmado. Empecé a oir a los chicos. "¡Andate, Paco! ¡No vengas más acá, nene, que te creés!". Y la vi en la puerta, calladita, con la cara contraída. Yo jadeaba de los nervios. "Estás borracho, loco. ¿Querés pelear? Vamos afuera, a pelear. Tenés respeto por nada." Lo levanté y lo empujé para la puerta, y lo fui arreando hasta la escalera. "Dale, bajá. No te voy a pegar por atrás. No soy como vos." Y bajé atrás suyo, mirando de reojo a Marina. Cuando salió quise volver a entrar, pero se venía atrás mío. Te imaginarás que no iba a ponerme a forcejear con la puerta. Salí de nuevo y me paré en el medio de la calle, flojito con mi guardia de karate, sintiéndome ridículo. "Vení" "¡Cagón!", me gritó. Me le acerqué y me preguntó: "?Vos la querés?" "Claro que la quiero" "Abrite" "No entendés. No me voy a abrir." "Buscate otra mina, pendejo" "Esta es mi mujer".
"Qué profundo.
""Entonces sos boleta. Empezá a contar, porque te voy a coser a puñaladas. ¿Vos aguantás las balas? Te voy a pegar un balazo acá", y me dio con el dedo doble en la frente otra vez. Medí el murito bajo de la casa de al lado y pensé: "Lo empujo acá y es todo mío. Lo destrozo en el pastito." Y no lo hice.
"Quedará para siempre la disputa entre los que piensan que sos cagón y los que te consideran grande.
"En vez de eso le dije que si quería hablar podíamos ir al Campo. Y marchamos por Blanca Benítez. Y nos caminamos las 2 cuadras los 2, calladitos. Cada tanto él miraba para atrás. Y yo, nervioso, me imaginaba igual la historia, rumiaba en lo cómico y lo ridículo de todo.
""Lo de siempre, la sensación de que todo es lo mismo, de que hay poquitas fórmulas que definen todo, de que todo puede reducirse incluso a una sola cosa: el absurdo reinando poderoso, incuestionable, inalcanzable entre esa corte de gorilas que lo protegen, enorme e inmutable, querido Lavoisier."
Timo se conmueve. Lo agarra de la muñeca y lo sacude. Eguía deja el vaso para que no se le caiga el whisky, con lo que cuesta.
"Sos un coloso. Te las acordás todas. Dejate la panza, nomás, que vas a ser El Goloso de Rodas.
"Gracias, hermano. Ya sé. Pero seguí, seguí.
"Nos sentamos justo contra la puerta, en la misma esquina, toda de vidrio. Pidió ginebra. Yo no podía ser menos. No sabés cómo me rascaba el gargero. Noblesse oblige.
"Caguesse oblige.
"A la segunda me vinieron ganas irrefrenables de cagar. "Voy al baño, no te vayas". Estaba cagando de parado, haciendo ojito en la taza turca. Patean la puerta, me la estampan contra la frente. "¡Me cago! ¡Qué día!", pensé. Abro, con los pantalones a media asta, y me lo veo, tambaleándose en guardia de arquero del rey. "¡Pero qué pasa, imbécil!", me animé. "?No podés esperar un momento?" "Ah, estás cagando". "No, loco. Me contrataron para pintar graffiti". Volvió a la mesa. Cuando me siento de nuevo, caquita fresca ardiéndome en el ano,
"No ibas a pretender que hubiera papel...
"veo a Marina en la esquina, reflejando la carita de desquiciada indecisa en las chapitas aplastadas en el alquitrán. Le escuchaba las sandeces con paciencia infinita, mirando las exchapitas y los mastodontes que las mataban, subiendo y bajando gente sin auto. Se fue el bus, cabeceando a 2 para ahorrar cubiertas, y la Loca ya no estaba en la vereda de enfrente. "Abrite, borrego, porque sos boleta".
"¡Qué lo parió! Ese fantasma debe haber sido mosca en otra vida.
""Fenómeno. Soy boleta. ¿Entonces para qué me voy a abrir? Si la dejo: ¿me pegás el balazo también?" "Sos boleta, loco" "Sí, ya te oí. Lo que quiero saber es si soy boleta de todas formas. Porque si es así, me ofrecés nada. Si soy boleta tanto si me abro como si no me abro: ¿para qué me voy a abrir? Al menos hasta que te decidas sigo con la mina". Y de golpe saltaba al amistoso, a ver si me tocaba el corazón. "Vos lo que pasa que tenés miedo de ser amigo mío. ¿Te animás a ser mi amigo? Vamoarriba, loco", y me tiraba la mano como los indios en las películas de cobói. Y encima le erraba, sonaba apagado, tibio. Hace sonar los dedos. Sección tragedia. "Yo la AMO. ¿entendés eso? ¡La amo, loco, la amo!
"La amo a eventá ente todo
"Es una mujer EXCELLLENTEE, loco. Inteligentísima"
"Pobre tipo. También, con el déficit de materia gris que lo aqueja, la confusión de la Loca de Mierda le debe sonar como una sinfonía, como una novela insondable.
""Eso no cambia las cosas, Paco. Yo a Marina la quiero, y quiero seguir con ella. Así que no veo cómo podemos ser amigos. Lo lamento, realmente. Y no tengo miedo de que me mates. En serio. Alguna vez hay que morirse. ¿Vos nunca pensaste en limpiarte? Además, qué querés que te diga, hay que tener muchos huevos".
"Más de 2 impresiona.
"En serio, Eguía. Ese es viejísimo, y además está ya, en otro lado. Cuidate un poquito, che.
"Ahora también sos el dueño de los chistes.
"Bueno, ahi me saqué el gusto de decirle que es famoso por lo matón, el y su barra. ¿Podrás creer? Los negó 3 veces. ¡Eguía, decime que nunca me vas a negar!
"Nunca te voy a negar, papparulo.
"Sentía que nos miraban, pero no me importaba. Esta vez me miraban de verdad, así que no me molestaba. "Sos un tipo con suerte", me decía. "Si yo tuviera un trabajo, y una corbata... Te veo salir, con tu traje, y me da envidia".
"¡Te trabajó de laburante, a vos! Me muero. ¿Y ahi tampoco lo gastaste?
"Veo que estás tomando partido, que te estás poniendo una vincha de los que me consideran indefectiblemente cagón. Se llama grandeza, tío. Grandeza... Resulta que porque es un pobre tipo incapaz de hacer otra cosa que pegar a hombres y mujeres, es más libre que yo, porque uso corbata. Bueno, no quiero extendreme más, la cosmología de Eléner no está entre mis prioridades.
"¡Y qué me decís de las mías, verdugo!
"Llegó a sacarme de quicio con las veces que me agarró el brazo y me dedeó la frente y me trató de cagón y de burguesito al pedo. Más de una vez le dije de ir a pelear a la playa, sin levantar la voz. Vos y yo, sin público. A morir. Se sonreía y me decía que no. "No pienso dejarla. Matame, nomás". Después, como corresponde, siguió con su vida. Su drama de acabado, de rebelde incorruptible, de nene bien viejo y sin guita. Casi me hace llorar. Le caían las gotas como si sudara. Pasó un amigo suyo haciendo muecas como el jefe del Inspector Clouseau. "?Qué pasa, Paco?" "Nada, Pocho, nada. Un cambio de mando. Como seres civilizados. ¿Qué me decís?" Y el Pocho, con una voz desde el estómago, como Candeau, le dijo lo más contundente y elaborado que he oído en años. "Los hombres también lloran, Paco", y enfiló para el mostrador. "Filósofo el Pocho", le dije. "El Pocho es amigo" "Amigo y filósofo, el Pocho". Volvió a recurrir al insulto. "Ya oí suficientes improperios". Me levanté para irme. Me siguió. Por suerte me encontré con la flaquita con cara de yo ni fui que había acallado mis penas cuando Marina estaba de viaje, y me puse a charlar con ella en la puerta del bar. Eso lo desconcertó, y accedió a irse con el Pocho. Volví a lo de la Loca, recaliente. Le increpé que no había tomado partido ni parte ni participación. Salió bufando para la seccional. Le fui atrás corriendo pero no me dio más pelota. A la vuelta estaba el Lancia pardo. Bajó, le abrió la puerta, buscó no sé qué, dio un portazo, sin olvidarse de la cara contraída. Me fui para casa a intentar dormir. Dormí bien. El sueño es algo que no pierdo.
Eguía no pudo más. Se levantó a peinarse, y ya no volvió. De paso, al salir, le palmeó la espalda con la derecha, esperemos que se la haya lavado. Por la puerta del frente, con el sol, entraba el Memo.
